¿Y ahora qué?

Por: Natalia Sierra

El triunfo del SI en la consulta popular del 4 de febrero cierra un ciclo político que mantuvo en un paréntesis las preocupaciones sobre el proyecto político y sobre todo económico  del actual Gobierno. Es cierto que el  gobierno de Lenin Moreno, desde que asumió el poder del Estado, dio muestras de una forma distinta de comunicación política con los distintos sectores de la sociedad.

De hecho, abrió espacios de conversación con varios sectores sociales que habían sido  no solo arrinconado, sino silenciados e inclusos perseguidos por el ex presidente y su gobierno. Se permitió y promovió de alguna manera las investigaciones de las denuncias de corrupción que señalaban a varios funcionarios del gobierno anterior; lo cual marcaba sin duda diferencias con la década correísta. La actitud no autoritaria, no prepotente, no represiva del presidente Moreno ciertamente fue un viento fresco en todo el país, que fue bien recibido por la población y que de algún modo se expresó en la votación afirmativa de la Consulta.  No hay que olvidar que las preguntas nucleares del plebiscito, la 2 y la 3, referían justamente al carácter autoritario del ex presidente, quien ordenó a sus leales compañeros de partido cambiar ilegítimamente  la Constitución para reelegirse indefinidamente, y quien tenía el control total de todo el aparato estatal a través de del Concejo de Participación Ciudadana.

Sin embargo, durante los primeros 9 meses del gobierno actual su perspectiva política y, sobre todo, económica con la cual gobernará hasta el 2021 no ha sido nada clara. Aún  no se sabe cuál es el marco político-económico que definirá el camino de la sociedad ecuatoriana durante estos tres años y quizá mucho más, pues podrían ser políticas de Estado que se proyecten en tiempos largos. Cuando el Presidente dice que su programa es volver a Montecristi, al proyecto original de la Revolución Ciudadana, no aclara las dudas. El proyecto de la Revolución Ciudadana también fue el del expresidente y sus grupos cercanos, tanto los políticos como los económicos, ellos también dicen que quieren rescatar el proyecto que “Moreno ha traicionado”.

De qué se trata el proyecto que disputan correístas y morenistas?  Al menos hay dos interpretaciones del mismo en las que la mayoría de la sociedad  no opina. Se trata acaso del proyecto que permitió el enorme crecimiento económico de varios grupos de poder nacional entre los que se encuentran las grandes comercializadoras y los grupos financieros y que significó, al mismo tiempo, un abandono y estrechamiento  de la economía agraria campesina? Se trata del proyecto que posibilitó que varios funcionarios de alto nivel del correato y sus familias salgan con empresas millonarias, gracias a los servicios que vendieron al Estado con acuerdos previos e información privilegiada? Se trata del proyecto que consolidó y afinó una trama de corrupción que articula Estado y corporaciones empresariales, en función de la reproducción y acumulación de capital? O quizá se trate del proyecto que amplió la frontera extractiva y volvió a endeudar a la sociedad ecuatoriana a nombre del progreso y el desarrollo? Puede ser que estén hablando del proyecto de permitió la reconstrucción de un Estado autoritario capaz de extender el marco mercantil a nivel de todo el país, lo que algunos analistas políticos han denominado la modernización capitalista de la era progresista?    No se sabe.

Ahora que ya que se terminó la tregua política previa a la consulta, con la cual se buscaba acabar con el fantasma de Correa y desmontar el correísmo, es el momento de conocer cuál es la línea política e ideológica del gobierno de Moreno, pues ya no basta su discurso amigable. Así también, como sociedad ya no podemos encubrir ni desplazar, tras el fantasma de Correa, nuestras preocupaciones, nuestras diferencias, nuestras distintas maneras de pensarnos a futuro.  De ahora en adelante va a ser difícil creer que la puja por ampliar la democracia en el ámbito de la política nos une a todos en una sola identidad, más allá de los intereses económicos. Hay temas de la democracia en el ámbito de la economía que se conoce como redistribución de la riqueza o redistribución de la escasez, de la deuda, de la crisis.   Ampliar la democracia a nivel político no puede reducirse a la libertad de expresión, de prensa y de comunicación. La democracia a  nivel político tiene que ser la posibilidad de decidir el destino económico del país atendiendo la democratización económica y social, es decir resolviendo los problemas históricos y estructurales de la inequidad social y económica de este país. No puede ser que a nombre de la democracia en su nivel más formal renunciemos a derechos humanos fundamentales, pues los procesos democráticos deben asegurar los mismos y no encubrir su incumplimiento.

Es hora de empezar a discutir en serio cómo vamos a enfrentar nuestro destino económico, para que la democracia se extienda a la vida material como justicia y equidad. Para empezar deberíamos exigir dos cosas: 1 que los bienes usurpados por los corruptos sean devueltos a la sociedad, y 2 que los grupos que más se enriquecieron, en la época ganada para ellos, sean los que soporte los actuales problemas económicos y  no los sectores medios y menos aún los sectores empobrecidos.

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