
Por: Natalia Sierra.
Quiero compartir las primeras impresiones que hemos debatido sobre el proceso de las jornadas de lucha que tuvieron lugar en los primeros 15 días de este mes de octubre, mes de la resistencia de los pueblos ancestrales en contra de la colonización y neocolonización, y por la construcción de la otra historia.
- Después de más de una década de presión, judicialización y criminalización de la lucha social y la disidencia política perpetrada por la estrategia correísta-progresista en contra de la resistencia de los pueblos frente a su proyecto de modernización conservadora, el paquete económico neoliberal del gobierno de Moreno libera la energía social de la ira popular en respuesta a la coacción de un capitalismo salvaje sobre la vida humana y natural. El llamado al paro nacional y al levantamiento indígena por parte de las organizaciones sociales fue rebasado por, lo que Benjamín denomina, la violencia divina. Se refiere esto a un estallido popular cuya fuerza es una respuesta violenta a la violencia simbólica y sistémica del capital, una energía social que trasciende las demandas concretas y justas de los pueblos. La característica principal de la violencia divina es que no es medio para ningún fin, es simplemente expresión de la inconformidad que destruye lo fundado. Sin embargo de esto, las organizaciones sociales pudieron dar cauce a este estallido y lograr resolverlo en la mesa de diálogo que exigieron a Moreno.
En atención a esta tesis, es importante señalar que la acusación del gobierno y de la derecha de que estas jornadas de lucha fueron actos vandálicos y de saqueo es por decir lo menos cínica e hipócrita. Hagamos memoria y veamos de donde viene la verdadera violencia vandálica y el saqueo. Acaso la sucretización, el feriado y salvataje bancario y la corrupción correísta no es violencia y saqueo a la máxima expresión? acaso la política extractivista que han implementado las élites gobernantes en toda la historia del país no es expresión de una violencia extrema del capitalismo en contra de la humanidad y la naturaleza? Antes esta historia de violencia estructural, la ira social no solo que se entiende, sino que se justifica.
- A casi 30 años del primer levantamiento indígena en 1990, que marcó la lucha en contra del capitalismo neoliberal en América Latina y que posicionó a los pueblos ancestrales como el actor histórico principal de los procesos de resistencia y transformación social, hoy el movimiento indígena vuelve a ser el eje de la lucha en contra del nuevo ciclo neoliberal en América del Sur y por qué no decirlo del continente. Se produce un retorno de la lucha social liderada por los pueblos ancestrales en contra del capitalismo neoliberal, que además supone un salto y continuidad en su lucha contra del progresismo conservador. Frente a la violencia de la razón capitalista surge la resistencia y lucha de la razón ancestral, que se muestra con claridad en los pueblos indígenas pero que mora en toda la humanidad, en su camino de humanización articulada al respeto de la naturaleza. En el caso particular del Ecuador, son los pueblos ancestrales el fundamento cultural de nuestra sociedad, en ellos radica el mayor patrimonio de nuestro país y la fuerza telúrica de la resistencia anticolonial y anticapitalista.
- En estas movilizaciones, además del movimiento indígena, protagonista principal de la lucha y de las organizaciones de trabajadores, hubo la presencia refrescante de las mujeres organizadas así como de las no organizadas y de los jóvenes que en estas jornadas se bautizaron en la lucha política. Estos dos actores abrieron nuevas y emergentes formas de organización de la resistencia social, que plantean alternativas a las viejas estructuras de la izquierda cooptadas por la razón de estado y que hoy frenan la resistencia social, por su marcado conservadurismo y patriarcalismo. Estas nuevas formas aún en ciernes expresan otra manera de enfrentar al sistema, donde no se pospone la construcción de nuevas relaciones sociales a la espera de la instauración de un nuevo sistema. Estas nuevas relaciones están ligadas al cuidado, a las experiencia cotidiana, a los afectos, a la horizontalidad; se tejen en el aquí y ahora de la lucha. Esa es la enseñanza que nos dejan los jóvenes y las mujeres y esa ya es una inmensa victoria.
- El movimiento indígena y el resto de sectores sociales que protagonizaron la resistencia y la lucha en contra de las directrices económica neoliberales, lograron establecer una línea autónoma respecto del gobierno neoliberal y los grupos de la derecha nacional y, también, respecto del progresismo conservador correísta. Una línea de autonomía que no solo se disputó y triunfó en el país, sino que logró establecer una diferencia clara en el contexto de la geopolítica regional. Es fácil observar que en el conflicto político que se desató en la última semana en el país se disputaba un conflicto mayor, que incluso rebasa el ámbito regional. Este conflicto mayor tiene como ejes de disputa: Por un lado la línea tradicional del capitalismo neoliberal de la derecha alineada con el FMI y el Estado norteamericano en el eje occidental, al cual se articulan algunos gobiernos latinoamericanos como el de Argentina, Brasil, Colombia, Perú y Chile. En el otro lado se encuentra la línea del progresismo conservador alineado con la agenda del capitalismo ruso-asiático que administró la mayoría de los Estados de Sud América y que hoy se encuentra en Venezuela, Bolivia, Nicaragua y México.
Esas dos estrategia del capitalismo disputaban sus proyectos en el conflicto social desatado en el Ecuador en los últimos días, las estrategias quería utilizar y sofocar el levantamiento autónomo de los pueblos en beneficio de sus propias agendas para neutralizar al enemigo funcional. El correísmo progresista buscaba apoderarse de las demandas de los pueblos para conseguir la destitución de Moreno y hacerse nuevamente con la administración del Estado, y con ello tapar sus actos de corrupción y saqueo de los recursos de la sociedad que perpetraron en su época de gobierno; y abrir nuevamente las puertas para el retorno del progresismo conservador en el subcontinente. Por su parte el Gobierno de Moreno quería deslegitimar la protesta social articulándola con el correísmo y de esta manera imponer la política fondomonetarista, en complicidad con los grupos económicos más poderosos nacionales y transnacionales, con la derecha política socialcristiana -con quien ha venido gobernado- y la derecha ideológica que intentan manejar la economía del país.
Sin embargo, la fuerza de la movilización social fisuro esta disputa entre dos versiones del capitalismo y abrió el espacio de la autonomía de la lucha de los pueblos, que no disputaban el control del Estado, sino enfrentaban el modelo neoliberal y con él, el capitalismo. Así, los grandes perdedores en estas jornadas de lucha fueron: el Estado, el gobierno, los socialcristianos –punta de lanza de la derecha tradicional, los correístas, punta de lanza de la derecha progresista y los medios hegemónicos de comunicación.
- Esta jornada de lucha han puesto de manifiesto tres grandes contradicciones que articulan a la sociedad ecuatoriana: El racismo colonial, la desigualdad clasista y el segregacionismo campo-ciudad. Cuando digo ponen de manifiesto dejo explícito que no es algo de ahora, sino algo que se manifiesta con fuerza en este ahora de la lucha y que nos obliga a pensarnos honestamente como sociedad y dejar de promulgar una falsa identidad nacional, una ciudadanía moderna, un tramposo interés general que no existe y menos aún en este país con un estado aún colonial. Saltaron las minorías blanqueadas del país tanto de Guayaquil y sobre todo de Quito a condenar los “actos vandálicos de los indios”. Las élites guayaquileñas en la voz de Nebot abrieron su juego profundamente racista con la detestable frase que “los indios se queden en los páramos porque a su ciudad no entran”. Con ello no solo se deslindaron del mundo indígena, sino de la región de la sierra y la Amazonía e incluso, diría, del profundo pueblo costeño de origen ancestral, montubio y negro. La “blanquitud” quiteña, aliada de las cámaras y de los grandes medios de comunicación hegemónicos, salió a la defensa de la “franciscana ciudad de Quito”, de su patrimonio histórico y de su “hermoso” urbanismo, en contra de los “indios salvajes” que viene a “su” ciudad sin invitación. Se horrorizan, lloran, patalean por los daños perpetrados en “su” ciudad pero nunca lanzaron una sola lágrima ni queja cuando sus empresarios y sus gobiernos acaban con la biodiversidad de los páramos, de las fuentes de agua, de la Amazonía y con ello destruyen los territorios de los pueblos ancestrales, dejándoles con tierras, agua y aire envenenado. Nunca protestan ni sufren cuando las corporaciones de constructores levantan edificios sin importarles dejar si espacios verdes a la ciudad, sin importarles el aumento de vehículos que colapsan el tránsito y el aire. Nunca se quejan de que las comunidades aledañas a Quito sean despojadas de sus territorios por las constructoras en complicidad con el Municipios. No lloraron cuando destruyeron el patrimonio arqueológico para hacer el túnel del metro de Quito. No, no, les duele su ciudad, les molesta que los dueños ancestrales de estas tierras vengan a “ensuciar” su proceso de blanqueamiento, les molesta que les recuerden que no están en Europa ni Estados Unidos que nos son ciudadanos del primer mundo que tanto desean ser por su arribismo.
- Las jornadas dejaron así fundamentalmente una victoria simbólica y política para el movimiento indígena y las organizaciones sociales que lo acompañaron. La victoria política se manifiesta en la recomposición de la resistencia indígena y popular con autonomía del gobierno neoliberal y del progresismo conservador; en la convicción de que es posible resistir y frenar al neoliberalismo; en la presencia de nuevos y refrescantes actores sociales como las mujeres y los jóvenes. La victoria simbólica se expresa en el establecimiento de un diálogo de cara a la sociedad nacional y mundial pocas veces visto y que deja una enseñanza de transparencia política al mundo; en la presencia sin representación de los pueblos indígenas en la mesa de diálogo afirmados en su diferencia y en su capacidad de pensar no solo sus nacionalidades, sino de pensar a la sociedad ecuatoriana en la mayoría de su composición social y cultural; en la participación indispensables de las mujeres en todo el proceso de la lucha que nos dice que sin nosotras no hay posibilidad de transformación.
- La lucha como acontecimiento fue una victoria de los pueblos, ahora empieza la lucha por la victoria en la construcción del hecho histórico. No podemos permitir que nos despojen de la palabra que dote de sentido el acontecimiento como victoria de la humanidad sobre el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado. Vamos a combatir la estrategia discursiva racista, clasista y machista que quiere imponer la derecha ideológica neoliberal que acusa al mundo indígena de violentos y salvajes y de la derecha ideológica progresista que acusa al mundo indígena de incapaces, ingenuos y manipulables. No nos van a quitar esta victoria, es nuestra es de los pueblos que tejen sus propios caminos, que tejen su autonomía.
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