
El 12 de noviembre de 2019, Añez asumió la presidencia de Bolivia después de la renuncia obligada de Evo Morales, en el marco de un proceso muy confuso y opaco que dejó muchas preguntas sobre la legitimidad de dicha sucesión. A pesar de esto, la nueva presidenta interina, representante de la oposición parlamentaria al proyecto progresista liderado por el MAS, se instaló en el gobierno con el apoyo de la derecha boliviana y latinoamericana, no así de los sectores de izquierda críticos al gobierno de Evo Morales.
La derecha conservadora boliviana, trepada en el Estado con Añez a la cabeza, tenía su oportunidad de asegurar su vuelta al control del Estado para que el progresismo no regrese más. Ha tenido un año para mostrar al pueblo boliviano que son mejores administradores del Estado que los progresistas del MAS. ¿Cumplido el plazo, el candidato del MAS vuelve a ganar la presidencia de Bolivia? ¿Cuál fue la estrategia de la derecha que fracaso en su objetivo de derrotar la popularidad del proyecto de Morales, en varios sectores campesinos, indígenas y populares de Bolivia?
Obviamente no fueron por el camino de mostrar que pueden ser más democráticos o menos autoritarios que el gobierno del MAS. Se lanzaron, con toda la obscena venganza de la derecha colonial y estúpida, a mover el racismo más detestable en contra de los pueblos originarios. En un acto antiestético, tomaron la biblia como arma en contra de los pueblos en una reedición grotesca de la violencia colonial, en un país con una población mayoritariamente indígena. Se dedicaron a perseguir y a maltratar física, social y simbólicamente a mujeres indígenas en un acto infame de violencia colonial y patriarcal blanco-mestiza. En una especie de absurdo, supremacismo blanco, la derecha mestiza sin ninguna perspectiva política se dedicó durante este tiempo a mostrar que es autoritaria, racista, vengativa y que además es incapaz de administrar el estado capitalista como lo hizo el gobierno de Morales.
Nunca apoyé al progresismo latinoamericano, porque entendí que es una forma del capitalismo para abrirse camino, en aquellos territorios y pueblos que se resisten a sus seducciones ideológicas, usando el discurso de los pueblos y algunas de sus organizaciones como Caballo de Troya. En Ecuador, muchos sectores de las izquierdas y varias organizaciones y movimientos sociales, luchamos contra el autoritarismo progresista y su proyecto de modernización capitalista. Fuimos perseguidos, desacreditados, encarcelados, investigados, acechados por estos gobiernos, no porque estábamos de lado de la derecha, si porque estábamos más abajo y a la izquierda que el progresismo capitalista.
Se dedicaron a perseguir y a maltratar física, social y simbólicamente a mujeres indígenas en un acto infame de violencia colonial y patriarcal blanco-mestiza.
Sin embargo, en el caso de Bolivia, lo que se propone como alternativa al progresismo es una derecha decadente, llena de prejuicios coloniales, racistas, enferma de odio contra los pueblos ancestrales. En ese caso no hay alternativa posible. La historia de los pueblos de los Andes está marcada y definida por la violencia del colonialismo patriarcal, luego por la violencia capitalista que es radicalizada por la primera. El vandalismo racista no se quedó en la Colonia, continuó con otras formas en la República y ahora se hace salvaje con el extractivismo. La derecha boliviana es capitalista, pero además es profundamente colonial y racista. Los pueblos originarios están hartos de este arcaísmo perverso de las élites blanquedas. Los pueblos de Bolivia han dicho NO a la violencia racista de una derecha políticamente estúpida y subjetivamente enferma.
Los pueblos seguirán luchando contra la violencia colonial, patriarcal y capitalista venga de donde venga, desde sus contextos propios y desde su autonomía. El triunfo del MAS en Bolivia, creo, es el rechazo al odio racista de la derecha que quiere mantener el control del Estado como en la época de la Colonia, no así el apoyo al avance del capitalismo en versión andina.
Excelente analisis