
Estamos siendo parte de un cambio en las reglas del juego.
En los últimos 24 meses, la inteligencia artificial y el espionaje en redes gracias a la codificación con IA ha dado un salto abisal. Esto, aceleró la ascensión de China como hegemon y formuló la necesidad de una respuesta desde occidente; que, a partir de la extracción de su riqueza (vía Temu, Shein y todas las apps que facilitan el comercio global sin intermediarios) como consecuencia de la libre circulación de materias primas y bienes de producción rápida.
Muchos de nosotros fuimos formados sobre la base de los acuerdos de Bretton Woods y hemos admirado el trabajo de las instituciones globalistas, que, pensando en el futuro de la humanidad, se propusieron soluciones a los problemas que, como pináculos del conocimiento, se identificaron posteriormente en lugares como Bruntland y se pusieron de acuerdo, entre expertos, científicos y académicos en las acciones necesarias para asegurar un hábitat viable para la especie humana. Otras instituciones, como la OECD y por las mismas décadas, introdujeron el principio de “el que contamina paga” sin que este logre ser implementado efectivamente.
Así, las nacientes industrias de occidente hacia inicios de los 2000, se vieron en la necesidad de desacelerar la contaminación del planeta, mientras se buscaban también, formas en las que la tecnología optimice y convierta en eficiente el uso y el abuso de las materias primas y los recursos naturales; y en estas convenciones, que empezaron con ímpetu y sobre la base de acuerdos vinculantes para todas sus partes, tuvieron un impacto positivo frente a las previsiones que en su momento haría el MIT sobre la depleción de los recursos.
Por el contrario, el crecimiento astronómico, de por ejemplo, la flota pesquera planetaria de China, tiene como base la asistencia y subsidios de toda la cadena de producción, así, empresas que son 51% del Estado en el gobierno del PCC, reciben subsidios y pueden conformar un musculo industrial importante, con el cual construyen buques, arman tripulaciones y zarpan alrededor del globo, utilizando técnicas perniciosas para los ecosistemas, haciéndose con la riqueza marítima y diezmando redes tróficas, que en lugares como Africa septentrional, no han logrado recuperarse. En este ejemplo, y en consecuencias palpables, tenemos pescadores artesanales, quienes sin ingresos y sin ningún tipo de compensación, se ven forzados a participar de todo tipo de actividades.
China solo pudo crecer así, desentendiéndose de estos acuerdos globales y en consecuencia, la calidad del ambiente y de sus entornos naturales, no sería la mejor; puesto que no hay acceso a información primaria, esto solo puede ser identificado a partir de investigaciones “oficiales”.
Este solo es un ejemplo, de cómo la fuerza del Estado puede ser utilizada tanto para construir, como para destruir, fundamentalmente desde la construcción de sistemas de protección a los derechos de las personas, y a su derecho de tener un ambiente saludable para permitir una calidad de vida adecuada.
En esta lógica del incumplimiento de los acuerdos globales para conservar los bienes comunes (todos necesitamos respirar aire no contaminado para tener una buena calidad de vida, eso hace que la producción de aire sea un bien común), China se ha convertido en una suerte de “black hole” que absorbe todo tipo de recursos: naturales, energéticos humanos monetarios, para devolverle al planeta un montón de artículos de fast fashion y fast production que en ocasiones son de mala calidad y terminan en algún botadero, contaminando el suelo con lixiviados de los aparatos electrónicos y los cuerpos de agua con todo tipo de materiales (sin hablar de los procesos de producción sin regulación, la cual obviamente no han cumplido y no piensan cumplir).
En ese contexto, nos encontramos con un 2025 que nos empuja al abandono de estos acuerdos comunes en favor de la conservación del entorno natural y del aseguramiento de los derechos y la calidad de vida de las personas, rompiendo completamente con este orden establecido en la postguerra, que inevitablemente nos está conduciendo hacia el futuro ciberpunk más distópico que podríamos imaginar.
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