Acerca de la (mal) llamada «izquierda popular»

Por Arturo D. Villanueva Imaña / Bolpress

Veo demasiadas (y contradictorias) vueltas para definir y tratar de caracterizar a la llamada “izquierda popular”. LO QUE NO EXISTE es una izquierda nacional independiente, “con pensamiento y cabeza propios” según atinadamente reclamaba José Carlos Mariátegui, ese imprescindible referente intelectual latinoamericano.

El actual seudo izquierdismo populista y autoritario que pretende usurpar y adueñarse de los sectores populares como si fueran de su propiedad privada, NO son otra cosa que la nueva élite dominante y rapaz que se ha originado como consecuencia del modelo corrupto y salvajemente extractivista y depredador que ha dado lugar a una casta de BIRLOPITUCOS (como los definiría René Zavaleta Mercado), y que una lúcida intelectualidad joven como Quya Reyna los ha dado en llamar “izquierda jailona”.

Esta misma nueva casta, es reaccionaria y antinacional, porque responde y depende colonialmente del corporativismo internacional que se autodefine como “socialismo del S. XXI”, aunque de socialismo ni izquierda no tienen absolutamente nada.

Basta ver a los despóticos y totalitarios regímenes (neo)capitalistas como Venezuela, Cuba y Nicaragua, que muy convenientemente se muestran falsamente como antiimperialistas y antiyanquis, pero no ocultan sus fidelidades a los imperialismos de China y/o Rusia a los que se han sometido, bajo el impulso de un estalinismo o maoísmo “revolucionarios” que ya hace mucho tiempo han dejado de existir en estos nuevos imperios emergentes.

Esta nueva casta de birlopitucos (generalmente desindigenizada y aburguesada), de arribistas que paradógicamente prefirieron adoptar las peores prácticas y hábitos de aquella clase burguesa a la que aspiran pertenecer; en realidad han surgido como consecuencia de las prácticas prebendales, clientelares y patrimoniales que se ejercieron durante casi dos décadas entre el régimen masista con los sectores sociales cooptados y divididos, bajo la única y más vil intención de perpetuarse en el poder a toda costa.

Esta nueva casta que se afana por aparecer como izquierdista, también está compuesta entre varios otros arribistas, por gente como Evaliz (la hija de Evo Morales), el propio Andrónico, Eva Copa, Leonardo Loza, Wilma Alanoca, etc.

Es claro entonces que mal se puede denominar «izquierda popular», a una casta aburguesada que no solo adopta las peores prácticas y hábitos de esa clase social; sino que paradógicamente tiende a convertirse en la nueva élite dominante y colonizada, que busca seguir reproduciendo las prácticas de explotación y el extractivismo depredador que caracterizaron a su régimen autocrático. De ahí también se explica la razón del rechazo y el desprecio que provocan en una buena parte de la sociedad, pero especialmente de los sectores populares en los que antes habían despertado alguna esperanza.

Por estas razones, NO HAY QUE LLAMARSE A ENGAÑO. El llamado «voto duro del evismo» NO existe hace tiempo. Lo que el evismo tiene es un CASCARON VACÍO con una dirigencia manipuladora, corrompida y burocrática en cada vez menos organizaciones sociales, que continúan fingiendo una representatividad y capacidad de convocatoria que YA NO EXISTE.

Basta ver sus actuales actos públicos (antes de masas) que ahora reúnen pocos pelagatos. EL VOTO POPULAR, que corresponde a las bases de los movimientos y organizaciones sociales, está en otra parte. Y los ll’unkus del masismo en todas sus vertientes (que fungen de negociantes de votos), y que actualmente aparecen transando acuerdos; NO están haciendo otra cosa que vender y disputar falsamente una representación que NO TIENEN.
Son mercaderes de ilusiones y espejismos, porque EL VOTO POPULAR NO QUIERE SABER DEL MASISMO, ASÍ COMO TAMPOCO RESPALDA A LOS CANDIDATOS DE LA REACCIONARIA Y (NEO) LIBERAL OPOSICIÓN. Y lo peor del caso, es que estos «negociadores» NO le disputan ni quitan votos a la oposición, sino que se quitonean entre ellos unos cuántos votos bajo las mismas prácticas prebendales, amenazas, o de compra directa con estipendios que ha sido la manera tradicional con la que han tratado secuestrar y usurpar respaldos.

Así que se engañan y hacen un juego de tontos útiles, quienes creen y les dan crédito a estos sucios e ilusorios «acuerdos». Estos «acuerdos» pueden inclusive concretarse, pero es ilusorio que tengan los efectos que se imaginan y cuentan, porque la votación real de los sectores populares no terminará entre los «negociantes» de pacotilla, sino que se dispersará, como dispersas y atomizadas están las candidaturas. Es más, qué realmente pueden proteger y garantizar este quitoneo de votos, si de todas maneras NO tendrá la mayoría o el peso específico deseable, y sólo será otra bancada más, entre las demás??…..

Para mayor precisión, aquí reproduzco textualmente la definición que ensayaba René Zavaleta Mercado. “BIRLOPITUCO.- tiene que ver con la palabra PITUCO, importada del Rio de la Plata, y con BIRLAR. Pero también con el vulgarismo local BIRLOCHA que equivale a guachafería y medio pelo. Birlopituco es el nuevo rico”. (…) «apelativo que dice muy bien de la exultante novedad de algunas abundancias y la inclusión regodeante de ciertos doctores en la mentalidad y los clubs de las clases reaccionarias. (…) Se sirven de la revolución a la que no sirven (…) pero tal vez la revolución, al enriquecerlos, los rechaza”. (Ver: René Zavaleta Mercado., La historia de un birlopituco. En: Obra Completa. Tomo III. Volumen I. Notas de Prensa 1954-1984. Ed Plural. La Paz, Bolivia. Agosto de 2015).

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