#Opinión / La ilusión burocrática

Mucha confusión ha provocado en las organizaciones sociales el plan de eficiencia administrativa decretado por el gobierno. No existe una reflexión suficientemente profunda sobre las lógicas del poder que operan en una sociedad. Tampoco sobre la función que cumple el Estado y menos aún sobre la racionalidad del gobierno. Frente a la decisión de fusionar algunos ministerios, la primera reacción ha sido abogar por mantener su separación.

Defender la supuesta bondad de una cartera de Estado frente a otra es como tragarse el cuento del policía bueno y el policía malo. Porque, en esencia, así como ambos policías representan a la misma institución, ambas carteras responden a las mismas orientaciones emanadas desde el poder central. No hay contradicciones, y mucho menos posibilidad de autonomía de una frente a otra. El Ministerio del Ambiente no es la contraparte bondadosa del Ministerio de Energía, y lo ha demostrado desde su creación. Porque ambos son brazos ejecutores de las políticas que pone en práctica el gobierno.

El debate sobre la relación entre Estado y sociedad siempre estará a la orden del día. Sobre todo, por la tendencia desde muchos sectores sociales a confundir lo público con lo estatal, a creer que el Estado expresa el interés general. Por obra y gracia de una revelación divina, la vieja izquierda de raigambre marxista se convirtió en devota del Estado. Las viejas tesis sobre la abolición del Estado quedaron archivadas en el último cajón del escritorio.

Por ahora, el gobierno ha puesto a muchas organizaciones sociales a discutir sobre lo secundario: fusión o separación ministerial. Como si en ello radicara la orientación estratégica del régimen; más bien dicho, la orientación estratégica de los poderes reales. Desde que se desató la fiebre minera hace un cuarto de siglo, todos los gobiernos, indistintamente, le han apostado al extractivismo como panacea del desarrollo económico. Y eso es lo que tiene en vilo a este país.

La defensa mecánica de las instituciones del Estado suele caer con facilidad en la ilusión burocrática. Mientras tanto, en el seno de la sociedad se dan procesos infinitamente más efectivos e interesantes. La campaña de los Yasunidos, o el compromiso de la Arquidiócesis de Cuenca con la defensa de los páramos de Kimsacocha, han generado mucho más impacto que toda la normativa del MAATE.

Algo similar ocurre con la fusión del Ministerio de la Mujer y el Ministerio de Gobierno. Las agendas, las luchas y las movilizaciones del movimiento feminista rebasan ampliamente el marco institucional del Estado. Es más, desafían inclusive los límites legales, como ocurre con el aborto. Y para ello poco cuentan ambos ministerios.

En la práctica, la fusión ministerial decretada por el gobierno parece una trampa para mantener a las organizaciones sociales entretenidas en una discusión irrelevante. Lo de fondo es, por un lado, la arremetida de un modelo de gobierno totalmente anclado en los intereses empresariales (como la minería) y, por otro lado, la ausencia de políticas para garantizar derechos fundamentales, como la erradicación de la violencia de género, que no hace más que incrementarse. Y esto solo por señalar los puntos más álgidos de las protestas sociales.

Julio 29, 2025

 

Acerca de Juan Cuvi 210 Articles
Miembro de la Comisión Nacional Anticorrupción (CNA), Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo, Parte de la Red Ecudor Decide Mejor Sin TLC.

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