#Opinión / Movimientos digitales: el nuevo actor político

 

            La política ya no volverá a ser lo que fue. Quienes todavía sueñan con recuperar las clásicas instituciones políticas del pasado (congreso y partidos) están condenados a un letargo interminable.

Pero tampoco parece haber esperanza para quienes creíamos en las nuevas formas de irrupción de la sociedad en la esfera política. La sustitución de los viejos y agotados partidos políticos por los nuevos movimientos sociales, que tantas expectativas generó en las últimas décadas, se ha estrellado contra el muro del desenfreno tecnológico. Los movimientos sociales son reemplazados por los movimientos digitales. El centenario anhelo anarquista de reemplazar la asamblea por la plaza pública (por el ágora) se ha disuelto en la vaporosa cultura de la posmodernidad.

Las elecciones del pasado 16 de noviembre son la más clara manifestación de este fenómeno. Una campaña cuya brevedad únicamente es entendible a partir de las nuevas tendencias culturales terminó definiendo los resultados en las redes sociales. No en la movilizaciones, concentraciones ni mítines de antaño. El único ejercicio de realidad de la mayoría de los votantes fue su asistencia presencial a los recintos electorales. Si el voto telemático hubiera sido una opción, casi nadie se habría tomado la molestia de salir de su hogar.

La pretensión de algunos personajes y fuerzas políticas de apropiarse del triunfo del No aparece, por lo señalado, como una mezcla de ridículo y de pobreza intelectual. ¿A quién en sus cabales se le ocurre que el rechazo masivo al gobierno implica un apoyo o una adhesión a una determinada tienda política? La multiplicidad de agendas y actores que intervinieron en la campaña electoral refleja una realidad nueva, diferente y al mismo tiempo desafiante: los clásicos sujetos políticos de los últimos siglos han sido reemplazados por una diversidad espaciotemporal difícil de encasillar en las visiones convencionales o en las categorías políticas conocidas.

Asistimos a una aglutinación de actores diversos, en lo que podría definirse como un sujeto de sujetos. Es decir, una combinación de iniciativas diferentes, reacciones espontáneas, indignación anónima masiva, productos comunicacionales creativos, agendas particulares… Es decir, todo un arsenal de insumos colectivos e individuales que terminaron coincidiendo en un momento político preciso. En este caso, en el último proceso electoral. Entre todos terminaron minando la estrategia del gobierno y de sus aliados empresariales.

Pero no se trata de explosiones callejeras, como aquella que ocurrió en 2019, sino de una estampida digital en las redes sociales. La diversidad social mutó en diversidad digital. Y su impacto fue demoledor para el poder.

 

Noviembre 20, 2025

Acerca de Juan Cuvi 210 Articles
Miembro de la Comisión Nacional Anticorrupción (CNA), Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo, Parte de la Red Ecudor Decide Mejor Sin TLC.

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