Por Ed Pilkington
El alcalde electo llevó a cabo la mayor operación sobre el terreno de cualquier campaña política en la historia de la ciudad, logrando que los neoyorquinos dialogaran entre sí. ¿Pueden los demócratas aprender de su éxito?
Una semana antes de que Zohran Mamdani sorprendiera al mundo con su inesperada victoria, contra todo pronóstico y rompiendo con las convenciones en las elecciones a la alcaldía de Nueva York, los miembros de su ingente ejército de jóvenes voluntarios eran muy conscientes de lo que estaba en juego.
Un grupo de 16 personas se había reunido en el bohemio barrio hispano de Bushwick, en Brooklyn, para darle un último impulso al candidato demócrata.
Juuli, la responsable de calle del grupo que coordinaba la campaña electoral de esa noche en nombre de Mamdani, repasaba los mensajes clave que debían transmitirse a los votantes en la puerta de sus casas. Hay que hacer hincapié en el programa político del candidato, que promete hacer de Nueva York una ciudad más asequible, afirmaba.
Y había otra cosa que quería que recalcaran los voluntarios y que no aparecería en el guion oficial de la campaña. «Acordaos de mencionar que es el candidato demócrata a la alcaldía de la ciudad de Nueva York, y no sólo un tipo que se dedica a las redes sociales».
El martes [4 de noviembre], ese tipo de las redes sociales protagonizó una de las mayores sorpresas de la política norteamericana en la era de Donald Trump. Derrotó a Andrew Cuoo, mastodonte demócrata y exgobernador de Nueva York, que se presentaba como independiente, y al republicano Curtis Sliwa, para convertirse en líder de la ciudad más grande del país y su primer alcalde musulmán.
Un socialista democrático sin complejos se había hecho con el control de la capital del capitalismo.
Lo ha conseguido tras haber impulsado la mayor participación electoral en la ciudad en más de medio siglo. Y eso, a su vez, se ha logrado en gran parte gracias a sus soldados de a pie, que se reunían cada noche en Bushwick y en todos los rincones de Nueva York para difundir el mensaje.
Para la noche de las elecciones, ese ejército de voluntarios había crecido hasta superar los 100.000 miembros, lo que lo convierte en la mayor operación sobre el terreno de cualquier campaña política en la historia de Nueva York. Mamdani les rindió homenaje en su discurso de victoria, alabándolo como una «fuerza imparable» que, en cada puerta a la que llamaron y en cada conversación ganada con esfuerzo, había «erosionado el cinismo que ha llegado a definir nuestra política».
Esto es ya materia de leyenda política. En un momento en que el Partido Demócrata se encuentra en una situación delicada, sumido a nivel nacional en bajos índices de popularidad y en una crisis de confianza tras la derrota de Kamala Harris frente a Trump el pasado mes de noviembre, la victoria de Mamdani será analizada minuciosamente por los estrategas como un posible modelo para salir del atolladero.
En nueve breves meses, Mamdani ha pasado de ser un asambleísta prácticamente desconocido en la cámara legislativa del estado de Nueva York, situado junto a «Alguien más» en la parte baja de las encuestas de opinión, a alcalde electo. El corazón de su campaña fue operar sobre el terreno, con sus enormes reservas de neoyorquinos, en su mayoría [activistas] no remunerados, que transmitían incansablemente su mensaje de cambio progresista.
¿Cómo lo han logrado? ¿Cuál fue su ingrediente secreto? Y la pregunta que ahora se harán todos los candidatos demócratas: ¿se puede repetir en las llanuras y cordilleras de los Estados Unidos en la batalla para resistir a Trump?
«Zohran Mamdani está modelando un tipo diferente de política», declaró a The Guardian Bernie Sanders, senador de Vermont y fuente de inspiración para la política socialista democrática de Mamdani. «Como alcalde, Zohran será un defensor de los trabajadores de Nueva York. Esa idea puede asustar a la clase dirigente y a los multimillonarios, pero es precisamente por eso por lo que más de 100.000 voluntarios se han volcado en apoyar con entusiasmo su campaña».
Desde muy pronto, el equipo de asesores de Mamdani comenzó a darse cuenta de que estaba sucediendo algo extraordinario sobre el terreno. Eso fue mucho antes de que empezaran a aparecer artículos en los periódicos sobre el obscuro aspirante a alcalde con un ejército de jóvenes seguidores.
Álvaro López recuerda que, en diciembre [de 2024], cuando la campaña celebró su primer gran acto de propaganda electoral, le llamó la atención la intensidad de los comentarios positivos que recibía a la puerta de las casas. López es coordinador electoral de la sección de Nueva York de los Socialistas Democráticos de Norteamérica (DSA), la organización política a la que pertenece Mamdani y que ha actuado como una especie de gabinete informal de su campaña.
Hay varios puestos clave que han ocupado miembros de los DSA, entre ellos Tascha Van Auken, la venerada directora de campo de Mamdani, y el director de comunicaciones, Andrew Epstein. Elle Bisgaard-Church, su directora de campaña, de 34 años, que fue jefa de gabinete de Mamdani en la Asamblea del Estado de Nueva York, también tiene su historial en los DSA.
López recuerda haber asistido al lanzamiento de la campaña el 19 de diciembre, unos seis meses antes de las elecciones primarias demócratas. Habían seleccionado siete lugares en los que poner a prueba su incipiente operación sobre el terreno, centrándose especialmente en barrios de clase trabajadora con alquileres estabilizados, donde los DSA ya habían echado sólidas raíces.
La idea consistía en ver si Mamdani podía ganar terreno apoyándose en una de sus principales promesas políticas: congelar los alquileres de los aproximadamente un millón de apartamentos con alquiler estabilizado de la ciudad. Si funcionaba esa prueba, ampliarían el grupo objetivo para incluir a otros neoyorquinos.
López declaró al diario The Guardian que desde el principio había depositado grandes esperanzas en la campaña populista de Mamdani. Habían pasado sólo seis semanas desde la victoria presidencial de Trump, y la población de izquierdas de Nueva York estaba desesperada por encontrar una señal cualquiera de esperanza.
Lo que López presenció ese día aún le sorprende. Estaba llamando a las puertas de un bloque de apartamentos en Astoria cuando se encontró con una mujer que estaba tan emocionada por la promesa de congelar los alquileres, a pesar de que ella misma no vivía en una vivienda de alquiler estabilizado, que sacó su monedero y le entregó varios dólares como donación.
Quedó desconcertado. En ese momento, la campaña ni siquiera había establecido un canal de recaudación de fondos, pero cuando habló con otros organizadores sobre el terreno, estos le contaron lo mismo: a ellos también les habían dado billetes de 5, 10 y 20 dólares, sin que lo hubieran solicitado.
«Habíamos dado con una mina de oro», dijo López. «Los votantes se identificaban con la campaña y su promesa de hacer la ciudad más asequible, y realmente querían una alternativa a Trump. Estábamos captando esa energía».
Ese fue el comienzo de lo que rápidamente se convirtió en una vasta campaña de recaudación de fondos y movilización popular. Mientras que los rivales de Mamdani, liderados por Cuomo, se concentraban en atraer grandes donaciones de intereses económicos, Mamdani siguió la ruta de los pequeños donantes que Sanders había iniciado en su candidatura presidencial de 2016.
En marzo, sólo tres meses después de aquella primera prueba sobre el terreno realizada en diciembre, Mamdani suspendió la recaudación de fondos para las elecciones primarias tras alcanzar el límite legal de gasto en un tiempo récord. Había recaudado más de 8 millones de dólares de 180.000 donantes.
Se repitió en septiembre. Canceló la recaudación de fondos para las elecciones generales de esta semana, tras alcanzar el límite máximo de 8 millones de dólares más rápido que nunca.
No solo se batieron récords de recaudación de fondos. Los organizadores de la campaña se fijaron el objetivo de formar a 250 líderes de calle para dirigir la red de captación de votos y, en pocas semanas, superaron los 500.
El efecto cascada se repitió con los voluntarios, que acudieron en masa a la campaña. «Aparecían entre 50 y 100 de una vez, y teníamos que reclutar a más líderes de calle para hacer frente a la avalancha», dijo López.
Esto era inusual, como poco. La mayoría de las campañas demócratas relegan el trabajo más pesado a los anuncios de televisión de 30 segundos, y el contacto directo con los votantes, llamando a sus puertas, queda pospuesto hasta los últimos días de las elecciones.
Cuomo siguió este modelo convencional, llevando a cabo una operación tan apática y jerárquica que tuvo que pagar a gente para que hicieran el trabajo de calle que los entusiastas seguidores de Mamdani llevaban a cabo de forma gratuita.
Mamdani no abordó esta carrera de arriba abajo. No es así como piensa.
En una entrevista con The Guardian poco antes de las primarias de junio, Mamdani me explicó cómo veía su surgimiento de abajo arriba. Habló de la necesidad de cambiar «el impulso político de dar lecciones por el de escuchar».
Escuchar es precisamente lo que Mamdani se propuso hacer pocos días después de que Trump ganara las elecciones presidenciales. Se instaló en calles de clase trabajadora de los barrios periféricos, como Fordham Road en el Bronx y Hillside Avenue en Queens, donde Trump, a pesar de la gran población inmigrante de esos distritos, había logrado un cambio de dos dígitos con respecto al Partido Demócrata.
Mamdani llevó a cabo lo que en realidad fue su propia operación sobre el terreno en solitario, preguntando a demócratas de toda la vida por qué habían votado a Trump o por qué no habían votado. «Lo que aprendí es que muchos lo hicieron porque recordaban tener más dinero en el bolsillo hace cuatro años» y ansiaban que el Partido Demócrata «se centrara sin descanso en la agenda económica».
Y así fue como llevó a cabo su campaña para la alcaldía.
La campaña se basó en ese compromiso inicial con los votantes y en el enfoque en la asequibilidad que se derivaba de ello. Apenas unas semanas después de que Harris perdiera las elecciones presidenciales tras haber aleccionado a los votantes sobre la amenaza que suponía Trump para la democracia, Mamdani decidió ir en dirección opuesta: basándose en lo que había escuchado durante su gira por la ciudad, no haría campaña con generalidades, sino con las dificultades específicas de la vida cotidiana de la gente.
La congelación de los alquileres, los autobuses gratuitos y rápidos, los alimentos baratos gestionados por la ciudad y las guarderías gratuitas se situaron en lo más alto de su programa.
La operación sobre el terreno se diseñó conscientemente como un intento de recuperar para el bando demócrata a los desertores que votaron a Trump. Las encuestas a pie de urna de la noche electoral sugieren que funcionó.
Mamdani ganó en el Bronx, un distrito con mayoría hispana y que se había decantado notablemente por Trump, por 11 puntos, en las presidenciales.
Esto se suma a su rotundo éxito entre los votantes jóvenes, con un sorprendente 78 % de los votantes de entre 18 y 29 años que le dieron su respaldo.
Parte de la estrategia para recuperar a los desertores de Trump consistía en hacer hincapié en mostrar respeto por todos los que se encontraban al llamar a la puerta. Se alentó a los activistas de campaña a interactuar con la gente, sin juzgarla.
«Hemos insistido en que es importante no reprender, no menospreciar a las personas que se decantaron por Trump o que simplemente no votan», dijo López.
Podía verse esa filosofía en Bushwick.
Cynthia, de 37 años, llamaba a la puerta de una mujer que llevaba una camiseta de Puerto Rico y que comentaba, al preguntársele, que nunca había votado.
Cynthia le contó a la mujer que ella tampoco había votado en su vida. Sin embargo, esta vez, afirmó, iba a votar a Mamdani porque iba a conseguir que los autobuses fueran gratuitos.
«¿Y quién va a pagar eso?», comentó la mujer, en tono molesto. Desveló que ella misma era conductora de autobús y trabajaba para la ciudad, y que temía que, si Mamdani hacía que los autobuses fueran gratuitos y todo salía mal, perdería su trabajo.
La conversación en la puerta duró más de cinco minutos, mientras Cynthia intentaba calmar los temores de la mujer. No funcionó: la mujer parecía decidida a no votar. Pero por lo menos el contacto había sido cordial y se habían reconocido las opiniones de la mujer.
El enfoque abierto de Cynthia sobre su propia falta de recorrido a la hora de votar formaba parte de lo que hizo que la campaña de Mamdani fuera tan potente. Se animaba a los voluntarios a expresar sus propias experiencias y opiniones personales en las puertas a las que llamaban, aunque nunca hubieran hecho campaña y no tuvieran experiencia en la política formal.
«No queremos que nuestros voluntarios hagan discursos de presentación», dijo Juuli, la jefa de calle. «Si algo te apasiona y estás haciendo campaña por eso, dilo en voz alta».
En la mayoría de las campañas políticas establecidas, el personal remunerado toma las decisiones, mientras que los voluntarios hacen el trabajo rutinario. La campaña de Mamdani le dio la vuelta a eso.
Se animaba a los voluntarios a aportar ideas. Se ascendió rápidamente a muchos a puestos de responsabilidad como jefes de calle y luego directores de calle con influencia real sobre la estrategia de la campaña.
«La campaña de Mamdani entregó las llaves a sus seguidores de distintas maneras singulares que reflejaban el nuevo entorno político», afirma Rick Fromberg, gran conocedor de los retos que plantea dirigir una campaña para la alcaldía de Nueva York. Fromberg fue director de campaña de Bill De Blasio en su exitosa reelección en 2017.
«Las campañas, por lo general, son extraordinariamente reacias al riesgo», afirmaba Fromberg. «Pero la campaña de Mamdani fue arriesgada. Permitieron que una amplia representación de sus seguidores se apropiara de la campaña, y esa decisión dio sus frutos».
«Cuando los historiadores políticos echen la vista atrás a las elecciones a la alcaldía de 2025, es posible que caigan en la trampa que Juuli, la responsable de campaña de Bushwick, articulaba al presentar a Mamdani como «un simple tipo de las redes sociales». Al fin y al cabo, así es como lo retrataban ampliamente los medios de comunicación durante la campaña electoral.
Sin duda, las redes sociales han sido parte importante del enfoque de Mamdani. En su entrevista con The Guardian, el candidato me comentaba que consideraba las redes sociales como una forma de lograr lo que él llama la «política sin traducción».
«Eso significa que hablas directamente con la gente sobre las crisis a las que se enfrentan, sin intermediarios. Pueden sacar el teléfono y ver directamente un vídeo tuyo. Si te digo que te voy a congelar el alquiler, sabes exactamente lo que estoy pidiendo».
Mamdani atribuye a Alexandria Ocasio-Cortez, congresista de Nueva York y compañera socialista democrática, el mérito de haberle abierto los ojos al potencial de esa comunicación directa. Fue su vídeo de lanzamiento en 2018, «The Courage to Change» (“El valor de cambiar”), el que le mostró el camino.
A lo largo de la campaña para la alcaldía, Mamdani ha demostrado ser un maestro en este formato, publicando una serie de vídeos divertidos, combativos, creativos, autocríticos y auténticos, por no mencionar que se han vuelto virales. Sin embargo, lo que pasó por alto gran parte de la cobertura mediática es lo estrechamente que conectó Mamdani sus redes sociales con el mensaje de asequibilidad que difundió su ejército de activistas de campaña por toda la ciudad.
El vídeo de Mamdani, vestido completamente de traje, sumergiéndose en el chapuzón del Oso Polar en las aguas de Coney Island se recordará durante mucho tiempo como una pieza surrealista de teatro político, pero su objetivo era recalcar su promesa de congelar los alquileres estabilizados. Su parodia de sus rivales en las primarias demócratas, Cuomo y Eric Adams, como dos viejos tipos que discuten en una cafetería de Nueva York, era muy divertida, pero su objetivo se cifraba en presentarlos como arquetipos de una clase política que ya había pasado su mejor momento.
La misma dualidad se aplica a los llamativos actos organizados por la campaña, que eran a la vez entretenidos e implacablemente dirigidos. En agosto celebraron una gincana que atrajo a unos 5.000 neoyorquinos de todos los rincones de la ciudad.
El mes pasado, unos 1.500 acudieron a un torneo de fútbol en Coney Island, en el que disputaban equipos mixtos partidos amistosos entre distritos. Ambos actos rompían el molde de la política seria, al tiempo que servían a un propósito político serio: subrayaban el compromiso y el afecto de Mamdani por la ciudad de Nueva York y atraían a su causa a personas que nunca antes habían participado en el proceso político.
Hay otro contraste llamativo entre la campaña de Mamdani y la fallida candidatura presidencial de Harris. Ambos candidatos hicieron hincapié en la «alegría» en su discurso a los votantes.
Pero mientras Mamdani se esforzaba por vincular siempre su «alegría» a su visión de Nueva York, Harris era imprecisa, lo que llevaba a mucha gente a preguntarse por qué se sentía tan alegre.
«La campaña de Harris intentó convertir la alegría en eje central de su programa, pero fracasó, pues ¿dónde estaba el contenido?», afirmó Denia Pérez, que pasó gran parte de este año haciendo campaña a favor de Mamdani. «En nuestra campaña había mucha alegría, pero siempre quedaba ligada a una promesa substantiva de cambio que facilitaría la vida de las personas».
De vuelta con los encuestadores de Bushwick, se podía ver claramente esa dualidad: diversión y política concreta. A los voluntarios se les entregaron tarjetas «Zetro» que imitaban las tarjetas Metro del metro: cada vez que hacían una encuesta, obtenían un sello y, cuando la tarjeta se llenaba, se les recompensaba con un póster o una camiseta gratis de Mamdani.
Cuando terminaba la campaña electoral nocturna, se invitaba a los voluntarios a una reunión informativa en un bar de Bushwick, Misfit Moon, donde se servía kava botánica y katrom. El ambiente era alegre y animado, pero la conversación la dominaban las medidas políticas de Mamdani.
Mac Nicholas, de 26 años, vestida con una camiseta de «Hot Girls for Zohran», reflexionaba sobre su primera experiencia en la campaña electoral. Dijo que se había sentido bien al apoyar a un candidato que intentaba que la ciudad fuera asequible para todos.
«Creo que es sincero y compasivo, y eso es lo que necesitamos en el Ayuntamiento», afirmó.
Cynthia, que nunca había votado y mucho menos hecho campaña, dijo que lo que la había llevado a apoyar la causa de Mamdani era que estaba harta de la arrogancia de los demócratas. «Cuántas veces le he oído decir a la gente: «Es imposible que gane Trump». Estoy aquí para recordarle a la gente que ya no podemos permitirnos el lujo de ser complacientes».
La innovadora campaña de Mamdani no surgió de la nada. Llevaba muchos años trabajando para llegar al martes por la noche [electoral]. Al igual que otro político demócrata con un talento mágico para movilizar a los votantes, Barack Obama, Mamdani llegó a la política electoral a través de la organización comunitaria.
En 2015, cuando se ofreció como voluntario para una campaña del ayuntamiento en Queens, experimentó por primera vez la emoción de implicar a los votantes. «Subir seis pisos sin ascensor, llegar a la última planta y que un anciano te abra la puerta… ves un atisbo de lo que viven cada día», rememoraba en la revista New Yorker.
Ese mismo año hizo campaña por un pastor, el reverendo Khader El-Yateem, en el barrio de Bay Ridge, en Brooklyn, donde los primeros socorristas del 11-S conviven codo con codo con yemeníes y palestinos.
Fueron esas elecciones, en la que El-Yateem obtuvo casi un tercio de los votos, la que le enseñó la importancia de ampliar la base demócrata para incluir a musulmanes como él y a otros grupos demográficos de Nueva York tradicionalmente ignorados por el partido. También le inculcó la idea de que algún día él mismo podría presentarse a las elecciones.
En 2018, Ross Barkan tuvo oportunidad de experimentar de cerca las incipientes habilidades de Mamdani para la organización sobre el terreno. Ese año, Barkan se había tomado un descanso de su trabajo diario como escritor en Nueva York para presentarse a un escaño por Brooklyn en el Senado del estado.
Mamdani fue el primero al que contrató. Barkan lo empleó como director de activistas de campaña y luego como gestor de la campaña.
Mirando atrás, Barkan puede ver que germinaban ya los primeros brotes del explosivo ascenso de Mamdani mientras planificaban juntos la competición por el Senado.
«Viéndolo hoy, está claro que llevaba muchos años pensando en este tipo de campaña progresista sin complejos», declaró Barkan a The Guardian. «Siempre fue un líder brillante de voluntarios y activistas en campaña. Los formó, les enseñó a conectar con los votantes. Para él, era primordial el trabajo de sobre el terreno».
Mamdani llevaba consigo esa sensibilidad de organizador en 2020, cuando entró en la Asamblea del Estado de Nueva York en representación de Astoria, en Queens. Al año de ocupar el escaño, se sumó a un taxista, Richard Chow, para organizar una huelga de hambre de 15 días frente al Ayuntamiento en busca de auxilio para las abrumadoras deudas de los taxistas.
Y ganaron, como le recordó Mamdani el martes en su discurso de victoria. «Hermano mío, hoy estamos en el Ayuntamiento», dijo.
Todas estas lecciones del pasado se aplicaron a la carrera electoral por la alcaldía, con resultados rotundos. Entró en juego su experiencia en Bay Ridge para ampliar su base, con la operación sobre el terreno que distribuyó material de campaña en urdu, bengalí y español.
También dio sus frutos la enorme campaña para atraer a los votantes musulmanes y del sur de Asia de toda la ciudad, impulsada por la condena de Mamdani de la guerra de Israel en Gaza como genocidio.
Mohamed Gula, del grupo de participación ciudadana musulmana Emgage, que apoyó a Mamdani, estima que la participación de los 380.000 neoyorquinos musulmanes registrados para votar probablemente se haya duplicado el martes. Eso supone un aumento con respecto al 22 % que participó en las elecciones a la alcaldía hace cuatro años.
«Muchos musulmanes se han sentido motivados por la campaña de Zohran. Esto refleja una nueva oleada de musulmanes que se sienten orgullosos de que los Estados Unidos sean su hogar», afirmó Gula.
Tras la contundente victoria de Mamdani, ahora las miradas se dirigen rápidamente hacia el difícil camino que le espera, tanto al alcalde electo de Nueva York como a su partido en general. A medida que se filtran las estadísticas de la victoria de Mamdani, que ponen de relieve los barrios y los grupos demográficos que lo impulsaron a la mansión Gracie [residencia de los alcaldes neoyorquinos], surgirán lecciones más profundas sobre cómo resistir a Trump y su insurrección MAGA.
El equipo directivo de Mamdani declaró a The Guardian que ya estaban pensando detenidamente qué hacer con el vasto ejército de voluntarios y la energía que este genera. ¿Cómo debe aprovecharse y utilizarse en la batalla que se avecina?
Obama generó fuerzas cinéticas similares en su campaña de 2008 «Yes we can!», pero luego permitió que se disiparan en gran medida una vez que entró en la Casa Blanca. Mamdani está decidido a no cometer el mismo error.
Así que permanezcan atentos a este espacio. Seguramente oiremos más cosas del ejército de Mamdani, que llevó su mensaje sobre sus espaldas y lo transmitió a los neoyorquinos, puerta por puerta.


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