#Opinión / El cuello de botella de la salud

 

 

Por Juan Cuvi

 

            Por enésima vez en el país, el sistema de salud pública (que involucra al ministerio y a las instituciones de seguridad social, aunque no sean lo mismo) ha colapsado. Pero nadie está dispuesto a debatir el problema de fondo.

Mientras el modelo imperante esté basado en la mercantilización de la salud, no hay respuesta viable al problema. Crisis similares se repiten en prácticamente todos los países del mundo, con la excepción de aquellos países ricos que todavía pueden disimular el colapso del sistema gracias a la disposición de recursos financieros. Y eso solamente hasta cierto punto: en los Estados Unidos, por ejemplo, casi 50 millones de personas no disponen de un seguro médico que les permita acceder a los servicios en mínimas condiciones de dignidad. Están marginadas. El costo de los seguros, todos privados, es inalcanzable para sus escuálidas economías.

Mientras no se responda a la amenaza de un modelo de salud que termina siendo injusto, excluyente y manirroto, la diferencia entre medicina pública y privada resulta inoficiosa. Porque al final, ambas trabajan para los mismos intereses. Quienes proveen medicamentos, insumos y equipos médicos a todo el sistema son los grandes conglomerados empresariales. Y algo similar ocurre con quienes construyen la infraestructura hospitalaria.

La lógica es tan perversa que ha terminado por contaminar el imaginario ciudadano respecto del derecho a la salud. El común de los usuarios asocia una buena salud con las políticas curativas. Mientras más fármacos, exámenes e internamientos hospitalarios les aseguren, mejor valorado estará el sistema.

En este contexto, el negocio no hace más que incrementarse y expandirse. La dilapidación de recursos es obscena en el sector público, atrapado entre la corrupción de los funcionarios y la codicia de los proveedores privados. Y la acumulación de riqueza en el sector privado es igualmente impúdica.

El último episodio de la telenovela nacional de la salud solo confirma un entramado difícil de superar desde las mismas viejas iniciativas. Empezando porque los principales responsables del gobierno no manejan una concepción distinta de lo que sería un modelo alternativo de salud, más incluyente, justo y democrático. Al contario, su condición de empresarios privados les inclina por opciones comerciales y utilitarias absolutamente convencionales.

Tampoco los críticos de la gestión del gobierno se salen del molde. Abogan por un incremento del presupuesto del Estado para el gasto médico, o por una optimización de la administración, sin considerar que esa medida equivale a meter dinero en saco roto. Demasiado simplismo y obviedad. Medicalizar la salud es la mejor estrategia para alimentar los bolsillos de las gigantescas corporaciones farmacéuticas que dominan el mercado mundial. Y eso también se lo puede hacer desde el sector público.

 

Diciembre 2, 2025

Acerca de Juan Cuvi 210 Articles
Miembro de la Comisión Nacional Anticorrupción (CNA), Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo, Parte de la Red Ecudor Decide Mejor Sin TLC.

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