Por Juan Cuvi
Que las elecciones del 16 de noviembre sacudieron la situación política del país suena a verdad de Perogrullo. De nada sirven las contorsiones que realizan algunas fuerzas políticas para tergiversar los impactos. Empezando por el gobierno nacional.
La retórica oficial pretende minimizar la derrota, disimular una perspectiva que luce complicada. De aquí en adelante, y salvo un golpe de suerte, o una inspiración divina que le revele al primer mandatario la realidad nacional, el camino será cuesta arriba. La encrucijada de la ingobernabilidad será la espada de Damocles de Daniel Noboa. La estrategia del régimen para hegemonizar la disputa política quedó seriamente afectada.
Luisa González, por su parte, también buscó, con una jugada tan estéril como ridícula, atribuirse el triunfo del NO. Como si nadie se hubiera percatado de que el correísmo le apostaba a la aprobación de la última pregunta. Muchos dirigentes de la RC5, que aspiraban a ocupar un puesto en la eventual asamblea constituyente, se quedaron con los ternos y los vestidos planchados. El pacto por la impunidad al que aspiraban tendrá que ser, por ahora, postergado.
En la práctica, los posibles escenarios para el futuro inmediato se desarrollarán al margen de estas las maniobras de estas dos fuerzas políticas.
Uno de los escenarios más probable responde a la condición de multiplicidad y diversidad que impulsó el triunfo del NO. La infinidad de propuestas, agendas, reacciones, organizaciones sociales y colectivos ciudadanos que propiciaron la derrota del gobierno volverá a activarse de aquí en adelante. Cada grupo que, con todo derecho, se siente padrino de una buena parte del triunfo electoral, colocará en el debate público y en la acción social sus demandas. La diversidad de iniciativas será la tónica para minar la capacidad y la autoridad del gobierno.
En esta diversidad hay de todo: desde exigencias por derechos concretos, como la gratuidad de la educación o la defensa del IESS, hasta reivindicaciones frontalmente anti sistémicas, como la superación del extractivismo, la aplicación de un modelo de seguridad social universal o la plurinacionalidad. Nuevamente asistiremos a una especie de danza cósmica: actores que operan en función de sus agendas particulares y que también confluyen en las grandes movilizaciones sociales. Un sujeto de sujetos que, a diferencia del pasado, tiene suficiente flexibilidad como para juntarse y dispersarse de acuerdo con la coyuntura y con las luchas estratégicas.
El mayor riesgo de este escenario es que abre el abanico para la improvisación electoral. Quienes deliran con convertirse en los outsiders de 2029 ya deben estar calentando motores. Probablemente, la lista de aventureros para ocupar el sillón presidencial será prolífica, inclusive mayor que las candidaturas convencionales.
No obstante, bien vale la pena jugarse por una alternativa que hunda sus raíces en la sociedad civil.
Diciembre 15, 2025


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