Escuchar la forma como se expresa el señor alcalde de Mesitas del Colegio, municipio de Cundinamarca en Colombia, sobre el teatro callejero no produce ira, sino vergüenza, porque en pleno siglo XXI seguir creyendo que el arte callejero hace que los jóvenes se pierdan en las drogas es tan básico y sin sentido como la ignorancia misma con la que se expresa.
No es en esta columna, el lugar para darle una clase, que bien debiera tomársela, de historia, pero es bien sabido que una las expresiones más relevantes, artística, social y humana, ha sido precisamente, el teatro callejero, desde sus inicios siendo fuente inspiradora de filósofos o más del principio, una manera directa de agradecer a los dioses, el teatro callejero fue fuente creativa de la antigua Grecia, de la edad media con los juglares, en el Renacimiento con los comediantes y en los tiempos modernos la voz de los inconformes.
Ahora si bien eso pueda que no le interese al señor Alcalde de Mesitas del Colegio, debiera darse por enterado que gracias al Teatro de calle, la gente encuentra un nicho para compartir, para asistir en masa a divertirse, quienes no cuentan con los recursos para asistir a otro tipo de espectáculos con costo, hacen del teatro de calle una convención familiar para entretenerse y de paso dejarse llevar por las historias que los artistas le cuentan, por favor, que alguien le muestre a ese señor, los videos y las fotografías de las obras que se presentaban de calle en el Festival Iberoamericano de teatro que organizaba Fanny Mickey donde miles de miles de personas asistían para disfrutar y no solo a pasarla bien sino a reflexionar, pensar, ser critica, frente a lo que veía, por favor los grupos de teatro callejero de Colombia, envíenle de navidad, alguna copia de sus libros donde se ve el valiosísimo aporte que le han dado a la historia reciente del país, para que los lea.
Decir que el teatro y la marihuana son uno, es un concepto tan equivocamente viejo como la idea de pensar que los artistas son fumones o que el arte escénico no es una profesión.
Debería el señor alcalde pegarse la ida a las escuelas, los semilleros, los talleres, a las agrupaciones, de su mismo pueblo y se sorprendería de ver a la cantidad de jóvenes, niños y niñas que precisamente están ahí porque no quieren estar en las drogas, y salen con sus rostros pintados, sus zancos, sus instrumentos musicales, sus vestuarios de colores, a decirle al mundo, a las familias, a las personas, que la vida es maravillosa y que bien vale la pena vivirla con amor y pensamiento crítico.
Los artistas que en cada lugar le dedican su tiempo, su vida, su conocimiento a representar en la calle y a formar generaciones, merecen respeto, merecen cariño y sobre todo merecen el apoyo de personas que ostentan el poder político, porque el arte, el teatro y, en especial el teatro callejero es de la gente en general, no se puede salir diciendo que no se apoya porque van fumones a las obras, es la estupidez de la ignorancia.
Señor alcalde de Mesitas, tenga un acto de humildad y retráctese de lo que dijo y más bien reúnase con todas esas personas de su pueblo que hacen con entereza teatro y apoye ese Festival, que no es solo orgullo de Mesitas sino de Colombia porque quizás usted no lo sabe pero desde el año noventa y nueve, muchos grupos de otros países han estado ahí y se han llevado una buena imagen de Mesitas del Colegio y del país, a sus países, y al turismo le favorece, al comercio del pueblo y cuando el acto artístico sucede, muchos jóvenes y niños quieren después. ser parte de esos nichos creadores, que terminan siendo para ellos, lugares de prevención social, de eso que precisamente usted habla y los adultos van con sus familias a disfrutar y comparten alegremente en sociedad.
No pase a la historia por la cagada que ya se mandó con lo que dijo, desde esta columna en Quito Ecuador, le digo que aun puede ser parte de la historia de un evento, que millones de personas a lo largo de su historia, guardan con profundo cariño y agradecimiento con Mesitas del Colegio.
El Festival de teatro callejero.


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