Por Juan Cuvi
Dantesco. No con otro adjetivo se puede calificar al episodio que terminó en la captura y eliminación de Nemecio Oseguera Cervantes, alias Mencho, y la posterior reacción de sus lugartenientes. Veinte estados mexicanos fueron sacudidos por la violencia: bloqueos de carreteras, incineración de vehículos, asesinatos, infraestructura destruida, enfrentamientos con armas de uso militar…
De acuerdo con información oficial, unas 70 personas, entre sicarios, civiles y miembros de la fuerza pública, fallecieron en el operativo y en los incidentes posteriores. Tan solo la Guardia Nacional perdió a 25 de sus agentes. En síntesis, un escenario de guerra total que anticipa lo que podría sucedernos a futuro en el Ecuador.
Los análisis de los hechos y las consecuencias que rodean al enfrentamiento serán múltiples e interminables. Expertos en la materia ya especulan sobe la rearticulación de una organización criminal transnacional cuyas estructuras, dimensiones y tentáculos siguen siendo un misterio. No obstante, en un punto sí hay coincidencias: el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) ha consolidado un poder que no solo desafía al Estado, sino que lo está desplazando y sustituyendo. En México, los carteles de la droga se han convertido en auténticos Estados dentro del Estado.
En el Ecuador, este fenómeno es preocupante no solo por la implicaciones y consecuencias que tiene el narcotráfico en general, sino porque el CJNG tiene presencia activa en el país. Eso significa que, además de los impactos en términos de economía ilícita, también hay influencia de una cultura criminal. En otras palabras, de prácticas y estrategias para fortalecer un poder paralelo al del Estado ecuatoriano. ¿Por qué no reproducir en el Ecuador lo que ya funciona en México?, sería la conclusión lógica de una reflexión obvia.
La injerencia del crimen organizado en la política y la institucionalidad del país no constituye ninguna novedad. La única duda se refiere a su alcance real. No es necesario que la periodista Anabel Hernández nos advierta sobre los vínculos de los carteles mexicanos con políticos y militares ecuatorianos. Acá tenemos información suficiente como para confirmarlo. Y para suponer que el problema es más complejo y peligroso de lo que adivinamos.
En días pasados saltaron las alarmas a propósito del eventual apoyo de la mafia albanesa a un candidato presidencial. No es suficiente con que los involucrados se quieran hacer los menchos respondiendo que todo se trata de una persecución política. Lo que el Ecuador espera es absoluta trasparencia respecto del financiamiento de las campañas electorales. De todas.
Febrero 25, 2026


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