Por Fer Jr. Prieto / La columna del mono infinito.
A veces y solo a veces, los viajeros somos crueles con algunos lugares, en mi caso en veinticinco años de vagabunderia, he dejado de conocer lugares que parecen increíbles, ahora y en defensa propia y de los de mi raza, no siempre los lugares más turísticos son los más atractivos para conocer, pero es imperdonable que de unas veinte veces que he ido y vuelto del Caribe colombiano no haya estado y conocido Santa Marta.
Me gustan los lugares que mezclan paisaje, tranquilidad, caos, turismo europeo, buenos cielos, cervezas y bares y creo que Santa Marta tiene todo, Cartagena también o Montañita, pero en ambos no existe equilibrio en cambio, en la perla de América, sí.
Y ahora que lo pienso es increíble que tuviera una deuda histórica cuando grito a cuatro voces que el mar más hermoso que conozco en el mundo es el del TAIRONA, que queda ahí no más, que boludo.
En este viaje y casi que, por accidente, terminé metido varios días en Santa Marta, gratamente encontré un clima del putas, un calor ventiao, el centro histórico resulta lindo de caminar, no es tan costoso como Cartagena, ir a la última playa de Taganga fue bello de caminar, y descubrí dos lugares para ir a tomar cerveza y escuchar buena música.
El primero llamado “Oh La la, La puerta” me recuerda a Quiebra Canto en Bogotá o al entrañable Aguijón en Quito, no se parecen, pero es una cosa como de esencias, ese lugar es increíble y una de las chicas que trabaja ahí tiene una mirada de nostalgia tanguera que madre mía. Al que descubrí tardíamente es “Crabs” un lugar rockero cien por ciento prototipo, con una buena onda que pega de una, en el primero cada noche que fui me sentía como el raro del paseo porque no quería bailar, y no quería conversar con nadie, solo escuchar música y tomar unas cervezas, a veces eso pasa, pero no era problema del lugar sino mío.
En “Crabs” todos son rockeros, se creen rockeros y sudan rock, se debería escribir más sobre los bares así como lo hizo Chaparro Madiedo en su Opio en las Nubes, para que los bares sean eternos, porque una parte de nuestra vida la pasamos en ellos, y en este dan ganas de estar, ahí y como buen asocial que me volví ( léase social no antisocial) sentí que nadie me iba a juzgar por andar con cara de culo pero es que varios tienen ahí cara de culo, los demás sonríen y se divierten, eso está bien, se llama equilibrio y cuando pensaba robarme un portavasos para apoyar la taza del café que me tomo en casa cuando decido dármelas de escritor, vino Carolina, una de las dueñas y me dijo: tranki muñeco no te lo robes yo te lo regalo, tranki muñeco tómate tu cerveza, tranki.
Vayan a Santa Marta, vayan al centro histórico y métanse a Oh lala La Puerta y a Crabs, tienen mucha onda ambos.
Y los y las invito a que traten de robarse los portavasos en el bar del cangrejo rojo.


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