#Opinión / Irán es la llave

Por: Napoleón Saltos Galarza.

San Cristóbal, 17 de marzo de 2026

Que la guerra no me sea indiferente. (León Gieco)

El sacrificio

La violencia insatisfecha busca y acaba siempre por encontrar una víctima de recambio. Sustituye de repente la criatura que excitaba su furor por otra que carece de todo título especial para atraer las iras del violento, salvo el hecho de que es vulnerable y está al alcance de su mano. (..) La sustitución sacrificial supone una cierta ignorancia.” (Girard, 2005, pág. 10)

La invasión de Irán empezó con dos actos sacrificiales: en la mañana del 28 de febrero, en medio del Ramadán, Estados Unidos e Israel atacaron la residencia y asesinaron al Ayatola Alí Jameneí. El 4 de marzo, a las 10:45 se produjo el asesinato de 168 niñas en la Escuela primaria Shajareh Tayebeh en Minab. No se trata del sacrificio expiatorio, sino de sacrificar eligiendo la víctima sustitutiva para mostrar la vulnerabilidad del otro y el poder del victimario, con la intención de sembrar el terror.

La paradoja es que se produjo el efecto contrario al esperado, la ira sacrosanta del pueblo agredido, la construcción de un símbolo sagrado, de un mártir de la causa iraní. La sustitución no mostró el poder del agresor norteamericano-israelí, sino su impotencia. Quizás éste es el símbolo no sólo de inicio, sino de la perspectiva y desenlace de esta guerra.

Tiempo de sombras

Los períodos de transición son caóticos. Hay signos de decadencia del viejo orden, pero los cauces del cambio son obscuros, no hay campos definidos, predomina la incertidumbre. El principal signo de la decadencia es el agotamiento de la ética protestante que sustentó la modernización capitalista encabezada por Occidente, la ruptura de las normas no sólo legales, sino éticas, y el paso a una racionalidad cínica, a un ethos Epstein de inversión del bien y el mal.

Podemos observar el paso desde un orden mundial unilateral a un nuevo mundo. El argumento de teóricos como Alfredo Jalifé-Rahma es que entremos en un orden trilateral con tres nodos estatales-civilizatorios, Estados Unidos-Rusia-China. Esto indicaría que empieza a mirarse trazos definidos, resolución de los conflictos de fondo.

Pero la imagen es más compleja, más bien hay una gradación de nodos. Más que una “estrella de los vientos”, con puntos cardinales definidos, miramos un mosaico o más bien un tablero de Go, con espacios de influencia, fronteras porosas, contradicciones internas en cada polo, superposiciones de poderes y soberanías, territorios de conflictos y guerras.

Un primer centro en torno a las tres grandes potencias, y quizás el peso del polo hindú. No son nodos homogéneos, al interior hay contradicciones y fisuras profundas. La guerra larvada en Estados Unidos con estrategias amigo-enemigo, debilita el poder norteamericano. En Rusia periódicamente surgen contradicciones que se saldan con purgas, sobre todo de los actores militares. En China, la purga de altos mandos militares deja traslucir contradicciones de fondo.

En un segundo círculo, hay “potencias medias”, como las calificó Carney, que no actúan como simples periferias, sino que buscan su propio espacio y estrategia de decisiones. La UE, en alianza con Canadá, es el teatro de la decadencia del Occidente iluminista y muestra fisuras internas profundas, pero todavía puede bloquear el paso al orden dispuesto por las negociaciones Trump-Putín, como lo vemos en la prolongación de la guerra en Ucrania. Los BRICS son un espacio poroso con movimientos pragmáticos de integrantes claves, como la India de Modri. Japón, Corea del Sur y Taiwán se mueven bajo el ala de Estados Unidos, pero realizan cálculos tácticos en las coyunturas.

Y quedan zonas en disputa, como es el caso de América Latina. A pesar del predominio del poder americano, que se acaba de mostrar en la operación Maduro y el sometimiento del régimen venezolano, así como en la conformación del “Escudo de las Américas”, con la participación de doce países subordinados, incluido el Ecuador, subsisten diversos niveles de disputa, con la presencia de México, Brasil, Colombia, que intentan posiciones independientes.

Así pues, si bien la geopolítica sobredetermina los procesos locales, hay que ver también la complejidad de los Estados, las alianzas regionales, los alineamientos coyunturales.

Los problemas van a surgir en las fisuras de los diversos enlaces y de los diversos tipos de confrontaciones, económicas, comunicativas, bélicas, ideológicas, civilizatorias. Y, sobre todo, allí es donde se puede asentar la estrategia de respuestas asimétricas del lado de las fuerzas menores, en especial del Sur Global. Tal vez esa es la sabiduría de la respuesta iraní ante la ofensiva de guerra total de Estados Unidos -Israel.

Un conflicto mundial

Todo está conectado, las guerras marcan la ruta. El marco general es la confrontación entre Estados-imperio-civilizaciones y los alineamientos, alianzas, fisuras de la relación con las diversas regiones y países.

El primer escenario es el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán. La guerra es incitada por Israel, busca cumplir el proyecto del Gran Israel. Un proyecto que viene desde atrás, bajo el relato del “pueblo elegido”. Netanyahu arrastra a Trump a partir del chantaje de los archivos Epstein.

La estrategia de dominio imperial-sionista de Medio Oriente, con revoluciones de colores, cambio de regímenes, agudización de las contradicciones religiosas, fragmentación-balcanización de los Estados nacionales, inicialmente dio resultado. Ahora empieza a encontrar límites estructurales. Las derrotas y el retiro de Afganistán e Irak fueron el signo del quiebre. En Ucrania hay un triunfo militar de Rusia, aunque el conflicto todavía se prolonga por las posiciones belicistas de la élite europea.

La debilidad viene desde adentro. La guerra civil larvada dentro de Estados Unidos, agudizada por la publicación de los Archivos Epstein, desgasta la aceptación de Trump, con fracturas en la opinión pública e incluso dentro de las filas de MAGA. Trump necesita crear conflictos afuera, la confrontación permanente, para articular las fuerzas internas.

La operación Maduro en Venezuela creó el aura de invencibilidad del Ejército americano. Irán era el único obstáculo en Medio Oriente, los otros regímenes del Golfo Pérsico, Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Omán, Qatar y Bahréin, son débiles, monarquías petroleras, alineadas con Estados Unidos. La intervención de Estados Unidos convierte la guerra con Irán en una guerra regional, con proyección a un conflicto global. Puede convertirse en la guerra de definición del orden mundial en el próximo período.

El cálculo era una intervención rápida, eliminar al líder, y precipitar el cambio a un régimen que se alinee con Estados Unidos, el restablecimiento del Sha. El discurso era destruir la posibilidad de una bomba atómica iraní, aunque se sabía que no podía existir por la fatwa del Ayatola Alí Jameneí.

Una guerra escatológica

Hay una confrontación civilizatoria. La sorpresa fue la unidad del pueblo en torno al régimen; no pueden entender la cosmovisión iraní que combina poder y religión.

Fue una sorpresa la respuesta militar iraní, un plan preparado durante treinta años. Un sistema de defensa descentralizado, capacidad tecnológica avanzada propia, destrucción progresiva de la maquinaria militar de Estados Unidos e Israel, empezando por el sistema de defensa antimisiles y las bases militares en el Golfo Pérsico, cierre del Estrecho de Ormuz por el que circula el 20 por ciento del petróleo mundial, alianza estratégica con Rusia y China, nueva presencia de Hezbollah y los hutíes, estrategia de guerra de desgaste a mediano y largo plazo. La guerra energética afecta al mundo, el precio del barril del petróleo puede llegar a 200 dólares, con efectos desastrosos para la economía mundial.

Israel ha sufrido la vulneración de su “domo de hierro”. Los ataques aéreos contra Irán destruyen infraestructura y población, pero no debilitan al régimen que ha logrado nombrar como sucesor de Alí Jameneí a su hijo, Mojtaba Jameneí. La estrategia norteamericana-israelí ha sido derrotada, aunque el conflicto puede prolongarse.

La visión del “pueblo elegido” de la alianza cristiano-sionista está atrás de los ataques a Irán y el proyecto del “Gran Israel”: se acerca el momento mesiánico, la guerra es el medio. La visión islámica chiita fortalece la capacidad de resistencia del pueblo iraní.

La economía política del conflicto

La geoeconomía es el fundamento material del reordenamiento geopolítico. La disputa energética, en particular el control del petróleo y el gas, es la punta de lanza. Irán cuenta con palancas decisivas: el control del Estrecho de Ormuz, la amenaza y bloqueo de la producción de las monarquías del Golfo Pérsico. La subida de los precios del petróleo y del gas, son el termómetro; con efectos expansivos a nivel mundial.

El efecto directo es sobre la guerra en Ucrania, el fortalecimiento de la economía rusa modifica las percepciones sobre todo de la UE sobre la necesidad de buscar salidas.

El golpe principal no está sólo en el control de los flujos comerciales de los hidrocarburos, sino también en el ataque al petrodólar que ha actuado como un resorte estratégico de reproducción ampliada del capital financiero bajo hegemonía del dólar, en un circuito de pago en petrodólares y de reinversión en bonos de Estados Unidos. El bloqueo de la producción de los países del Golfo, y la presión, en alianza con China, para autorizar el paso por el Estrecho de Ormuz a aquellos países que acepten comerciar en yuanes, afecta a la hegemonía del dólar. Todavía no se trata de una sustitución del dólar como la moneda mundial, pero se acentúa el ritmo de la transición.

Arabia Saudita fue el aliado principal para la hegemonía del petrodólar; pero empieza a manejar intercambios con China en yuanes. Tendencias similares se dan en Emiratos árabes Unidos. Por ello, la presión iraní-china por el comercio petrolero en yuanes en medio de la guerra muestra una estrategia que puede encontrar ambiente adecuado en los países del Golfo. La alternativa al sistema Swift empieza a mostrar su viabilidad.

La escalada del lado de Estados Unidos-Israel tiene límites objetivos en los efectos económicos mundiales. No puede atacar la infraestructura energética iraní, por el riesgo de una respuesta directa sobre la producción de las monarquías del Golfo Pérsico, con efectos expansivos en la economía mundial. Los cálculos de expertos señalan que con un barril de petróleo a 150 dólares se provocaría una recesión y hasta una depresión en la economía mundial.

La economía política pasa también por las amenazas y el control de alimentos y agua en la región, sobre todo para las monarquías petroleras.

El factor decisivo es la disparidad de costos de la guerra. Mientras Estados Unidos e Israel se ven obligados a gastos ingentes para detener los ataques iraníes, la estrategia asimétrica permite a Irán contar con recursos bélicos con costos accesibles. Antonio Aguilar, uno de los principales geopolíticos europeos, calcula que el costo de la guerra en Irán en los primeros quince días, habría llegado a los 170 mil millones de dólares, entre el costo de los armamentos, calculado en mil millones de dólares diarios la destrucción de infraestructura de vigilancia, las pérdidas comerciales. Trump ha solicitado 50 mil millones de dólares adicionales para este conflicto. La tendencia apunta a dificultades para que Estados Unidos e Israel puedan sostener por largo tiempo este conflicto, tanto más que se muestra el agotamiento de los arsenales de recursos bélicos claves.

La geopolítica tiene su soporte en la geografía. Irán tiene ventajas geográficas estratégicas. Se encuentra en la intersección de Europa, Asia y África. Comparte fronteras con siete países: Irak, Turquía, Armenia, Azerbaiyán, Turkmenistán, Afganistán y Pakistán. Es un país extenso, 1´648.195 km2, atravesado por montañas. Tiene una costa de 2.440 Km en el Golfo Pérsico y el Mar Caspio, con control acceso a rutas marítimas y recursos naturales. Controla el Estrecho de Ormuz.

Desenlace incierto

A menudo se sabe cómo iniciar una guerra, pero no cómo terminarla. Se enfrentan dos grandes estrategias, con conexiones religiosas. La estrategia del Gran Israel subordina a la estrategia MAGA, traza un apocalipsis de purificación

Hay signos de agotamiento de la ofensiva y de los arsenales estadounidense-israelíes. Trump empieza a buscar cómo salir de este conflicto, con la imagen de los objetivos logrados. Ha llamado a Putin, para que actúe como mediador, con la oferta de la salida a la guerra en Ucrania. Y ha pedido el apoyo de los aliados para poder abrir el Estrecho de Ormuz, sin que haya una respuesta favorable. Irán, hasta el momento, ha señalado que no va a ser Trump el que señale el final de la guerra, sino que lo definirá Irán.

El objetivo de Irán es expulsar a Estados Unidos del Golfo Pérsico, y con ello, debilitar la posición israelí, que depende de la protección de Estados Unidos, su verdadero domo de hierro. Los objetivos de Trump han ido reduciéndose del discurso del cambio de régimen, a la propaganda del control del riesgo atómico iraní.

Todavía el conflicto se prolongará. Alastair Crook, uno de los geopolíticos mejor informados, señala que se prolongará por lo menos tres semanas más. Es difícil calcular el tiempo; por el momento la incertidumbre es la única certeza. Llegará un momento de negociación. Pero la correlación de fuerzas se ha modificado, la iniciativa ha pasado al lado iraní, con apoyo discreto de Rusia y China.

El fantasma de Vietnam empieza a aparecer. En términos cuantitativos el poder militar de la alianza Estados Unidos-Israel es infinitamente superior. Irán es una potencia media. Sin embargo, en el teatro de guerra, la estrategia de enfrentamiento asimétrico y de guerra de desgaste de los iraníes ha bloqueado esta fuerza. Estados Unidos-Israel no han logrado ninguno de sus objetivos, ni el cambio de régimen, ni el control del arsenal misilístico; por el contrario la unidad interna se ha consolidado a raíz del martirio del Ayatola Alí Jameneí.

Y allí hay un factor religioso histórico. En la larga guerra contra Irak, Irán resistió ocho años a pesar de la destrucción. El pueblo iraní tiene un fundamento religioso del sentido de la vida y el martirio. Una fuerza de largo tiempo, ante la urgencia de los ataques de Estados Unidos-Israel, que después del fracaso inicial de derrocamiento del régimen, está aplicando una estrategia de devastación sobre todo de Teherán. Irán no puede desaparecer del mapa, ahora hay condiciones diferentes, empezando por el marco geopolítico con la presencia de polos de contrapeso al dominio unilateral de Estados Unidos.

Irán cuenta con una población de 90 millones de habitantes. Tiene una composición étnica diversa: 61 o/o de Persas, en las principales ciudades; 16 o/o de azeríes, en el noroeste, cerca de Azerbaiyán; 10 o/o de kurdos en el este; y otras minorías. Esta diversidad puede ser vista como un factor de riesgo para fracturas internas, pero también aporta a una visión más amplia de los iraníes.

Es posible la paz.

Quizás lo importante de las acciones de Trump para construir un discurso y condiciones que le permitan el repliegue sin deshonra, es que nos alejamos del peligro de una guerra nuclear, y se pueda abrir otros cauces de salida. Las conversaciones con Putín y el próximo encuentro con Xin Jin Ping apuntan en esta dirección.

Hay que tomar en cuenta las condiciones planteadas por Irán, para no quedarse en un alto al fuego que puede restablecer los ataques, como sucedió después de la Guerra de 12 días en junio, sino para abordar una solución de fondo. El ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abbas Araqchi, subrayó que la guerra «no terminará hasta que Teherán garantice que no se repetirá y reciba las debidas compensaciones». Una condición clave es la salida de todas las bases norteamericanas de los países del Golfo.

La paz en Medio Oriente es posible si vamos a las raíces, si se elimina los afanes de conquista de Israel y Estados Unidos, si acordamos nuevos tratados de control de armas, sobre todo nucleares, si se acepta el derecho de los países a la defensa ante las agresiones extranjeras, y, sobre todo, si se escucha la voz de los pueblos y protegemos la vida de la población, empezando por los niños y niñas. Es una hora decisiva para las iniciativas de paz.

Referencias

Girard, R. (2005). La violencia y lo sagrado (Cuarta ed.). Barcelona: Anagrama.

 

Acerca de Napoleón Saltos 47 Articles
Fue director de la Escuela de Sociología de la Universidad Central del Ecuador. Ex dirigente de la Coordinadora de Movimientos Sociales. Su trabajo académico ha sido publicado dentro y fuera del país.

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