Las universidades estadounidenses estrechan lazos con el mundo académico israelí

En Israel, las instituciones universitarias colaboran habitualmente con el ejército, que ha destruido toda la vida académica en Gaza. Eso no ha servido para frenar las alianzas con EEUU

Dikla Taylor-Sheinman / Georgia Gee (+972 Magazine)

A finales de julio, Harvard señaló su disposición a gastar hasta 500 millones de dólares para resolver las acusaciones de antisemitismo presentadas por la Administración Trump. Si bien el escándalo –y la asombrosa suma– atrajo la atención generalizada, una concesión anterior pasó desapercibida: en un intento fallido por apaciguar al Gobierno del país, a principios de este año, Harvard acordó establecer una asociación formal con una universidad israelí.

El 28 de julio, Harvard anunció dos nuevas iniciativas con instituciones israelíes: un programa de estudios en el extranjero con la Universidad Ben-Gurión del Negev y una beca posdoctoral para científicos israelíes en la Facultad de Medicina de Harvard. La medida se produce en medio de una ola de acuerdos entre universidades estadounidenses y sus homólogas israelíes, cuyas asociaciones se han ampliado en los últimos meses.

En diciembre, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) puso en marcha un programa que permitirá a los académicos de las nueve universidades públicas acreditadas por el Estado de Israel acudir al MIT para colaborar y formarse. En marzo, el Clemson College de Carolina del Sur anunció una asociación con la Universidad Hebrea y el Sapir College para llevar nuevas tecnologías agrícolas a la región occidental del Negev israelí, y la Universidad de Columbia se comprometió a ampliar sus iniciativas académicas con la Universidad de Tel Aviv. Y en mayo, la Universidad de Utah firmó un acuerdo de “cooperación académica” con la Universidad Ariel, una institución israelí situada en un asentamiento ilegal de Cisjordania.

Mientras tanto, Harvard ha suspendido recientemente su colaboración en materia de investigación con la Universidad de Birzeit, la mayor universidad palestina de Cisjordania, y en Gaza, las doce universidades han sido destruidas por la guerra de Israel en la Franja. “Lo llamamos escolasticidio”, afirmó el Dr. Wesam Amer, antiguo decano de la Facultad de Comunicación y Lenguas de la Universidad de Gaza. “Se refiere a la destrucción sistemática y deliberada de la educación por parte de Israel como herramienta de dominación”.

Mientras las universidades estadounidenses estrechan sus lazos con las instituciones israelíes, un nuevo informe exhaustivo en hebreo elaborado por New Profile, un movimiento antimilitarista israelí, saca a la luz hasta qué punto esas instituciones están integradas en el aparato militar del país, en un momento en que Israel amplía su asalto a Gazase recrudece la violencia de los colonos y el ejército en toda Cisjordania.

El informe identifica al menos 57 programas académico-militares para soldados en servicio activo y candidatos al servicio militar obligatorio en numerosas universidades, y estima que la cooperación financiera entre el Ministerio de Defensa y el mundo académico para programas de estudios militares entre 2019 y 2022 superó los 269 millones de séquel (aproximadamente 79 millones de dólares).

Las siete universidades israelíes mencionadas en el informe, entre ellas la Universidad Hebrea y la Universidad de Tel Aviv, “son socios activos en la ocupación actual de Cisjordania y en el genocidio de Israel”, declaró Nissi Peli, autor del informe, a +972. “El mundo académico de Estados Unidos debería establecer unas normas morales básicas como condición para las colaboraciones interinstitucionales. Como mínimo, esto debería incluir exigir a las instituciones académicas israelíes que pongan fin a su cooperación con el establishment militar y la industria de Israel”.

“Ninguna institución israelí es ajena a la ocupación”

Las universidades israelíes gozan desde hace tiempo de una reputación en Occidente como instituciones multiculturales y pluralistas con una sólida libertad académica. Como señala Maya Wind, estudiosa del militarismo israelí y autora del libro Towers of Ivory and Steel (‘Torres de marfil y acero’), de 2024, esta opinión ha sido repetida por grupos como Freedom Houseel Varieties of Democracy Institute, así como por las propias universidades: la Universidad de Columbia describe la vida en el campus de la Universidad de Tel Aviv, con la que ofrece un programa de doble titulación, como “dinámica y pluralista”.

Sin embargo, según Wind, la realidad es mucho más preocupante. Las universidades israelíes “están, de hecho, profundamente implicadas en el colonialismo israelí y, ahora, en el genocidio”, declaró a +972.

Este consenso occidental sobre las universidades israelíes es algo que los palestinos llevan mucho tiempo cuestionando. De hecho, la Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural a Israel (PACBI) lanzó su llamamiento al boicot de las universidades israelíes en 2004, un año antes de que se pusiera en marcha el Movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS). La campaña alegó que las instituciones académicas israelíes y la mayoría de los intelectuales israelíes han “contribuido directamente” a mantener los sistemas de opresión de Israel o han sido “cómplices a través de su silencio”.

El libro de Wind, basado en una exhaustiva investigación archivística y etnográfica en Israel, no hace más que reforzar la valoración de PACBI sobre el mundo académico israelí. Según ella, disciplinas académicas enteras “subordinan su producción de conocimiento a las necesidades del Estado israelí”.

Un ejemplo es el programa ‘Havatzalot’, impartido en el Departamento de Estudios Islámicos y de Oriente Medio de la Universidad Hebrea, que integra los estudios académicos con la formación en inteligencia militar. Muchos de sus graduados pasan a formar parte de la Unidad 8200, el cuerpo de vigilancia de élite de Israel. La información que recopilan se utiliza a menudo para enjuiciar a palestinos en tribunales militares o para obligarlos a colaborar con el Shin Bet, la agencia de seguridad interna de Israel.

Los estudios sobre Oriente Medio no son el único campo en el que se moviliza la experiencia académica al servicio de los intereses del Estado israelí, en particular de sus campañas militares. Las universidades israelíes también han contribuido a construir marcos jurídicos que reinterpretan el derecho internacional humanitario para proteger al Estado de su responsabilidad.

En el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de la Universidad de Tel Aviv, los académicos colaboran estrechamente con los responsables de la seguridad para elaborar justificaciones jurídicas de las operaciones militares israelíes, incluidos argumentos que sostienen que las leyes tradicionales de la guerra no se adaptan a la “guerra contra el terrorismo” de Israel. Una de estas innovaciones es el término “tercera población”, que se refiere a personas que parecen civiles pero que podrían interferir en objetivos militares, una categoría utilizada para erosionar la distinción jurídica entre combatientes y no combatientes, lo que permite, en la práctica, atacar a civiles palestinos.

“Se necesitarán años de investigación para comprender cómo la sociedad israelí llevó a cabo un genocidio y se salió con la suya durante tanto tiempo”, afirmó Wind. “Para entender cómo hemos llegado a este punto, no basta con mirar al ejército. Hay que fijarse en el tipo de instituciones que no solemos tener en cuenta cuando pensamos en la violencia estatal y colonial. Ninguna institución en Israel es ajena a la ocupación, y las universidades israelíes no son una excepción”.

La Universidad de Cisjordania

Entre las nueve universidades reconocidas por el Estado de Israel, una destaca por sus violaciones flagrantes del derecho internacional. La Universidad Ariel, una de las primeras instituciones académicas israelíes en la Cisjordania ocupada, se fundó en 1982 como ‘Colegio Académico de Judea y Samaria’, una sucursal de la Universidad Bar Ilan. La universidad está situada en el asentamiento de Ariel, fundado sólo cuatro años antes, concebido por sus planificadores como un centro urbano secular en el corazón de Cisjordania, cerca de las industrias militares israelíes donde trabajaban muchos de sus residentes.

La Universidad Ariel no solo está construida en territorio palestino ocupado, con la misión explícita de “inculcar un sentido de pertenencia al Estado de Israel” y promover los valores sionistas, según su presidente. La institución también ha concedido créditos académicos a estudiantes que colaboran como voluntarios con Hashomer Yosh, una organización juvenil voluntaria anteriormente sancionada por Estados Unidos cuyos miembros colonos han cometido actos violentos contra comunidades palestinas en Cisjordania. “Hago un llamamiento a todos para que los apoyen, como lo hacemos aquí en la Universidad de Ariel”, dijo Mark Zell, abogado estadounidense y presidente del consejo de administración de Ariel, en un vídeo de 2020 para promover el grupo juvenil. (Un portavoz de la Universidad de Ariel afirmó que no tiene ninguna relación con Hashomer Yosh y que “las declaraciones realizadas por particulares no representan la política oficial de la universidad”).

Al menos ocho universidades estadounidenses, entre ellas Johns HopkinsFlorida Atlantic University, han establecido relaciones con Ariel. En 2019, según sus informes financieros sin ánimo de lucro, Barnard College donó 13.500 dólares directamente a la Universidad de Ariel para un proyecto científico. Y en junio, Ariel y la Universidad de Utah firmaron un memorando de entendimiento (MOU) de cinco años que establece un marco para proyectos de investigación conjuntos, intercambios de estudiantes y profesores y conferencias académicas compartidas.

Su anuncio, publicado por primera vez por The Jerusalem Post, supuso una sorpresa para algunos profesores de Utah. Marshall Steinbaum, profesor adjunto de Economía, declaró a +972 que se enteraron de la colaboración a través del artículo. “No se había dicho nada al respecto en el campus”, afirmó Steinbaum. “Creen que la gente no se organizará porque es verano, pero no vamos a dejar de luchar por la cancelación del memorando de entendimiento”.

En un comunicado de prensa publicado tras el anuncio, la Facultad por la Justicia en Palestina de la Universidad de Utah, de la que Steinbaum es miembro, señaló que cualquier cooperación académica entre las universidades sería una violación de las leyes estatales de Utah y federales de Estados Unidos, que prohíben a las instituciones de educación superior tomar posición en asuntos de controversia pública o discriminar por motivos de religión u origen nacional.

“Dado que Israel y el asentamiento de Ariel prohíben la entrada tanto a palestinos como a muchos musulmanes”, señalaba el comunicado de prensa, “cualquier ‘cooperación académica’ emprendida con la Universidad de Ariel es, por definición, inaccesible para los numerosos estudiantes, profesores y personal académico musulmanes y palestinos de la Universidad de Utah”.

El profesorado también destacó el vergonzoso momento en que se firmó el acuerdo. “Todas y cada una de las universidades de Gaza, en las que trabajaban graduados de la Universidad de Utah, han sido destruidas en ese genocidio”, afirmó el grupo. “Esas instituciones son las que realmente podrían beneficiarse de una asociación de este tipo” con la universidad.

En respuesta a preguntas sobre el memorando de entendimiento, Rebecca Walsh, directora de comunicaciones de la Universidad de Utah, declaró a +972 que “esta decisión no representa la postura de la Universidad de Utah sobre la guerra en Gaza o los territorios palestinos ocupados en general. Cabe señalar que la universidad, como institución estatal, no está autorizada a adoptar posturas políticas”.

Walsh envió un enlace al ‘Inventario global’ de la Universidad de Utah sobre actividades académicas relacionadas con Palestina, que solo incluía un pequeño número de publicaciones del profesorado, ninguna colaboración oficial y un puñado de estudiantes matriculados procedentes de Palestina en los últimos años. Mark Lewis, portavoz de Ariel, declaró a +972 que el memorando de entendimiento con Utah es “estrictamente académico” y que la universidad tiene varias colaboraciones con universidades de Estados Unidos.

“¿Por qué no profundizar las relaciones con la comunidad palestina?”

En diciembre, el MIT anunció la inauguración de sus programas Kalaniyot para académicos israelíes visitantes, una asociación académica con las nueve universidades reconocidas por el Estado de Israel, cuyo objetivo es “empoderar” a los académicos israelíes para que “participen en investigaciones colaborativas de vanguardia, profundicen los lazos académicos y muestren la brillantez de la nación startup”. (Desde su lanzamiento en el MIT, la presencia de Kalaniyot en los campus ha crecido; ahora cuenta con secciones en la Universidad de Dartmouth, la Universidad de Pensilvania, la Facultad de Medicina de Harvard y la Universidad de Columbia).

La lista de universidades israelíes asociadas incluye Ariel, así como la Universidad Hebrea y la Universidad Ben-Gurión, que cooperan con el Ministerio de Defensa para permitir que más soldados en servicio activo y personal militar en otros puestos puedan cursar estudios académicos que cualquier otra institución de enseñanza superior, según el informe de New Profile.

El Ministerio de Defensa paga más de 32 millones de séquel (nueve millones de dólares) a la Universidad Hebrea, por ejemplo, para acoger el programa ‘Talpiot’, un programa académico-militar que forma a soldados para desempeñar funciones de investigación y desarrollo en la fabricación de armas. Por su parte, la Universidad Ben-Gurión, con la que Harvard colabora actualmente, ofrece un programa acelerado de grado para pilotos de combate que implica una estrecha y profunda cooperación entre la universidad y la escuela de vuelo.

Pero, según los críticos, la colaboración del MIT va más allá de los vínculos militares. Wind sostiene que estas iniciativas forman parte de una estrategia más amplia para utilizar el mundo académico israelí como herramienta de hasbara, o propaganda proisraelí, con el fin de “intentar corroborar la narrativa israelí y reformular los hechos del apartheid que son evidentes para todos”. El programa del MIT, por ejemplo, tiene como objetivo reflejar y “acoger la diversidad demográfica de Israel” en la selección de los académicos participantes, cuya presencia en un campus estadounidense contribuirá “a una mejor comprensión de su país”.

Mientras el MIT reforzaba su relación con la Universidad Hebrea, Israel asesinó a más de 1.300 académicos que en su día estuvieron vinculados a universidades de Gaza, desde rectores hasta decanos, profesores y estudiantes.

“Estoy a favor de las colaboraciones académicas en general, pero cuando la sociedad palestina está siendo atacada sistemáticamente, ¿por qué no hacer lo contrario?”, se pregunta Richard Solomon, estudiante de doctorado y miembro de la Coalición por Palestina del MIT. “¿Por qué no profundizar las relaciones con la comunidad palestina?”.

En respuesta a las preguntas de +972 sobre sus colaboraciones académicas, el MIT remitió a la página web del programa Kalaniyot y al lanzamiento del Global MIT At-Risk Fellows Program Palestine en diciembre de 2024, una iniciativa piloto de dos años de duración para traer cada semestre al MIT a cinco académicos de Palestina para que reciban formación y orientación por parte de un miembro del profesorado del MIT.

“Los líderes del cuerpo docente han expresado su apoyo a la acogida de ambos programas”, afirmó Sarah McDonell, de la Oficina de Comunicaciones del Instituto, en un comunicado por correo electrónico.

A poca distancia del MIT, Harvard se había visto sometida a una creciente presión por parte de los republicanos y del expresidente de Harvard, Lawrence Summers, para que pusiera fin a su colaboración con Birzeit debido a los supuestos vínculos del gobierno estudiantil con Hamás.

A principios de este año, tras acordar establecer una asociación formal con una universidad israelí no especificada como parte de la resolución de las demandas por antisemitismo, la Escuela de Salud Pública de Harvard suspendió su asociación con Birzeit. La escuela colaboraba a menudo con académicos de Birzeit y ofrecía un curso de verano en Jordania centrado en la salud palestina.

“Se trata de un acto de boicot académico a las universidades palestinas”, afirmó Amer, que se vio obligado a huir de Gaza y ahora es investigador visitante en la Universidad de Cambridge. “Están enviando el mensaje de que consideran que los estudiantes, los académicos y las instituciones palestinas son prescindibles. Sus vidas no son iguales”.

Según Wind, la disparidad entre los estrechos vínculos de las instituciones israelíes con las universidades estadounidenses y la marginación de sus homólogas palestinas han tenido consecuencias tangibles. “El Estado israelí ha aislado intencionadamente a los académicos palestinos”, declaró a +972. “Destruyó sus universidades, empobreció sus recursos e intentó impedirles mantener intercambios con el resto de la comunidad académica internacional”.

Contrabando de nuevas alianzas

Menos de un mes después del inicio de la ofensiva israelí contra Gaza, tras los ataques de Hamás del 7 de octubre, los estudiantes de los campus estadounidenses comenzaron a movilizarse para protestar contra los bombardeos aéreos de Israel y exigir la retirada de las inversiones de las empresas vinculadas a la ocupación y al ejército israelí.

Los rectores de las universidades israelíes se apresuraron a contrarrestar la iniciativa. Los rectores de las nueve universidades israelíes reconocidas por el Estado enviaron un mensaje conjunto a sus homólogos estadounidenses en el que expresaban su preocupación por que los campus universitarios se hubieran convertido en “caldos de cultivo de sentimientos antisionistas y antisemitas”, lo que atribuían a una “comprensión ingenua y sesgada del conflicto”.

Luego, en abril de 2024, el mismo grupo de rectores universitarios sugirió en una carta separada dirigida a los rectores de universidades estadounidenses que “las situaciones extremas pueden requerir medidas que vayan más allá de las herramientas convencionales de que disponen las administraciones universitarias”, lo que podría interpretarse como un respaldo al despliegue de las fuerzas del orden contra sus propios estudiantes.

Entre mediados de abril y mediados de julio de 2024, más de 3.000 personas fueron detenidas o arrestadas en campus universitarios estadounidenses. Las universidades también tomaron medidas disciplinarias internas contra los estudiantes, prohibiendo grupos como Estudiantes por la Justicia en Palestina y Voz Judía por la Paz, imponiendo suspensiones y expulsionesreteniendo diplomas y aplicando una serie de nuevas normas y restricciones más estrictas a las protestas y la libertad de expresión.

La represión continúa mientras los estudiantes se preparan para regresar a los campus para el semestre de otoño. A finales de julio, Columbia informó a casi 80 estudiantes de que se enfrentan a suspensiones de hasta tres años o a la expulsión por su participación en las protestas y acampadas del campus.

Pero, aunque estas medidas han tenido un efecto disuasorio, no han extinguido las demandas de desinversión de los estudiantes. Tampoco han aumentado el apoyo a Israel en los campus universitarios. Más bien al contrario: un extenso informe publicado este mes por el Jewish People Policy Institute advierte de que el campo académico de los estudios sobre Israel se está “convirtiendo cada vez más en un campo paria” y “está al borde de la extinción”.

El informe señala que el Instituto Israelí, la principal organización que financia cátedras temporales y programas universitarios sobre estudios israelíes, ha reducido considerablemente sus actividades, aparentemente debido a restricciones presupuestarias. Mientras tanto, la decisión de 2022 de la Asociación de Estudios sobre Oriente Medio, con sede en Estados Unidos, de boicotear las instituciones israelíes rompió efectivamente sus vínculos con la Asociación de Estudios sobre Israel, cuyos miembros están en su mayoría afiliados a universidades israelíes.

Aunque las nuevas colaboraciones entre universidades israelíes y estadounidenses no cuentan con una amplia aceptación por parte del profesorado y el alumnado estadounidenses, Wind argumentó que enmarcarlas como una reparación por la supuesta discriminación contra los estudiantes judíos o israelíes “es una forma cínica, pero muy eficaz, de garantizar que estas asociaciones sean intocables”.

“En el momento preciso en que no podría estar más claro que existe una oposición abrumadora [a estas asociaciones] entre los estudiantes, el profesorado y el personal de los campus estadounidenses, se están introduciendo de forma clandestina”.

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Este artículo fue publicado originalmente en +972 Magazine.

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