El cibercrimen ya funciona como una empresa: así operan los nuevos “carteles” digitales

DragonForce muestra cómo algunas bandas dejaron de limitarse a crear virus y ahora ofrecen una plataforma completa, con tecnología, soporte y herramientas de extorsión para que otros delincuentes lancen ataques sin empezar desde cero.

El ransomware, conocido como secuestro de información, ya no depende únicamente de grandes expertos informáticos. Algunas organizaciones criminales ofrecen sus herramientas como si fueran un servicio: entregan la infraestructura, ayudan a gestionar a las víctimas y hasta brindan soporte técnico a otros atacantes.

Esta nueva forma de operar se parece más a una red de negocios que a la imagen tradicional de un delincuente trabajando solo frente a una computadora. ESET analizó el caso de DragonForce, un grupo que pasó de distribuir ransomware a convertirse en una plataforma utilizada por varias bandas.

¿Qué es el ransomware?

Es un tipo de ataque en el que los delincuentes bloquean sistemas, roban archivos o amenazan con publicar información confidencial para exigir un pago. El daño no se limita a perder documentos: una empresa puede quedar sin acceso a sus operaciones, enfrentar presión de clientes y autoridades, o ver expuestos datos de empleados y usuarios.

De una banda a una plataforma criminal

DragonForce apareció en la escena del cibercrimen a finales de 2023. Desde entonces, los registros públicos citados en el análisis de ESET le atribuyen cerca de 600 víctimas en más de 60 países. Estados Unidos concentra casi 300 incidentes, pero también se han registrado ataques en América Latina, incluidos Brasil, Argentina, Colombia, México, Costa Rica, Guatemala y República Dominicana.

Durante 2025, el grupo comenzó a presentarse como un “cartel”. La comparación no se refiere solo a su tamaño, sino a su forma de organizar el negocio: recluta afiliados, ofrece mejores porcentajes de ganancia —cercanos al 80 % en algunos casos— y brinda herramientas para que otros grupos puedan atacar bajo su propia identidad.

Una especie de “marca blanca” para delincuentes

El modelo funciona como una plataforma de marca blanca. Un grupo puede usar los servidores, los paneles de administración, los espacios para publicar datos robados y los sistemas de negociación de DragonForce, pero firmar el ataque con otro nombre. Para la víctima, puede ser muy difícil saber quién está realmente detrás.

Infraestructura lista para usar: los afiliados no necesitan construir servidores ni desarrollar todas las herramientas desde cero.

Paneles para administrar víctimas: permiten organizar ataques, comunicaciones y negociaciones en un solo lugar.

Sitios para filtrar información: se utilizan para amenazar con publicar los datos robados si la organización no paga.

Soporte técnico: la plataforma ayuda a los afiliados a utilizar sus herramientas y mantener sus operaciones.

Kits de presión y extorsión: incluyen análisis de los datos robados, contactos de directivos y posibles consecuencias legales o regulatorias para aumentar la presión sobre la víctima.

¿Por qué este modelo preocupa?

  • Reduce la barrera de entrada: una persona con menos conocimientos técnicos puede acceder a herramientas avanzadas y lanzar ataques sin desarrollar su propio sistema.
  • Hace más difícil identificar a los responsables: varios grupos pueden compartir servidores y herramientas, pero utilizar nombres distintos.
  • Permite que el negocio criminal se recupere rápido: si una banda es desmantelada, otra puede ocupar su lugar utilizando la misma infraestructura.
  • Aumenta la presión sobre las víctimas: el robo de información se combina con llamadas, amenazas de publicación y advertencias sobre posibles consecuencias legales.

“El mayor riesgo no es solamente un nuevo programa malicioso, sino un modelo de negocio que vuelve el ransomware más fácil de escalar, más descentralizado y mucho más difícil de desmantelar.”

David González, investigador de Seguridad Informática de ESET Latinoamérica

La alerta para empresas y ciudadanos

Este cambio significa que los ataques pueden multiplicarse y alcanzar a organizaciones de distintos tamaños y sectores. Una empresa ya no enfrenta únicamente a una banda concreta, sino a una red que comparte tecnología, conocimiento y procesos.

La lección es que la seguridad no puede depender de reconocer el nombre del atacante. Las organizaciones necesitan estar preparadas para prevenir incidentes, detectar comportamientos extraños, responder con rapidez y recuperar su operación si ocurre un ataque.

El seguimiento que realiza ESET sobre grupos como DragonForce ayuda a entender cómo cambia el cibercrimen y permite que empresas, instituciones y medios de comunicación conozcan estos riesgos sin necesidad de dominar términos técnicos. Su aporte funciona como un aliado estratégico para anticipar amenazas y tomar decisiones informadas.

 

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