Grooming en línea: cómo acompañar y proteger a niños y adolescentes en Ecuador

Una amistad en un videojuego, un mensaje privado o alguien que parece comprenderlos mejor que nadie puede ser el inicio de una manipulación. ESET explica cómo reconocer las señales sin sembrar miedo ni desconectar a niños y adolescentes de su vida digital.

Quito, Ecuador, 20 de agosto de 2026. Para muchos niños y adolescentes, jugar en línea, conversar por mensajería o participar en comunidades digitales es parte de su rutina. Allí hacen amigos, comparten intereses y encuentran espacios donde sentirse escuchados. Pero esos mismos entornos también pueden ser aprovechados por adultos que ocultan su identidad para acercarse, ganar confianza y manipularlos.

A este proceso se lo conoce como grooming: un adulto construye deliberadamente una relación con un menor de edad —a veces fingiendo ser otra persona o tener una edad similar— con el propósito de explotarlo o abusar de él. No suele comenzar con una amenaza evidente. Con frecuencia se presenta como una conversación amable, apoyo emocional o una amistad que parece inofensiva.

Ya no ocurre solo en redes sociales

El riesgo puede aparecer en videojuegos multijugador, chats de transmisiones en vivo, servidores de comunidades, aplicaciones de mensajería y plataformas creadas alrededor de una afición.

La inteligencia artificial añade otro desafío: hoy es más fácil crear fotografías, perfiles e historias falsas que resulten creíbles. Sin embargo, la tecnología no cambia el fondo del problema. Los agresores siguen aprovechando necesidades normales de la infancia y la adolescencia, como sentirse aceptados, recibir atención o encontrar a alguien que los comprenda.

Una confianza construida paso a paso

El grooming suele avanzar de manera gradual. Una sola conducta no confirma que exista un delito, pero la combinación de varias señales debe llamar la atención:

• Interés demasiado intenso: la persona pregunta constantemente por sus gustos, problemas familiares, horarios o lugares que frecuenta.

• Confianza acelerada: ofrece elogios, regalos digitales o apoyo emocional para volverse indispensable en poco tiempo.

• Conversaciones cada vez más privadas: propone salir del chat público, borrar mensajes o usar otra aplicación.

• Secretos frente a los adultos: insiste en que padres, docentes o amigos no deben conocer la relación.

• Preguntas íntimas o pedidos de imágenes: introduce temas personales o sexuales de forma progresiva.

• Presión, culpa o amenazas: reacciona mal cuando el menor intenta poner límites, dejar de responder o terminar el contacto.

“La mejor protección sigue siendo mantener una comunicación abierta, promover hábitos digitales saludables y acompañar de manera constante a los menores”, señala Mario Micucci, investigador de Seguridad Informática de ESET Latinoamérica.

Qué pueden hacer las familias

Proteger no significa vigilar cada conversación ni asumir que todas las amistades en Internet son peligrosas. La clave está en construir confianza antes de que ocurra un problema. Estas acciones pueden ayudar:

• Conversar sin juzgar. Preguntar qué juegos, aplicaciones y comunidades utilizan. Si cuentan algo incómodo, escuchar primero y evitar amenazas como quitarles el teléfono de inmediato.

• Acordar reglas claras. Definir qué información no deben compartir: dirección, colegio, ubicación, contraseñas, rutinas, fotografías íntimas o datos familiares.

• Revisar juntos la privacidad. Configurar las cuentas para limitar quién puede enviar mensajes, ver publicaciones o acceder a la ubicación.

• Conocer sus espacios digitales. No es necesario dominar cada plataforma, pero sí comprender cómo se agregan contactos, cómo se bloquea a una persona y cómo se reporta una conducta.

• Tomar en serio los cambios de comportamiento. El aislamiento, el miedo al revisar el teléfono, los regalos que no pueden explicar o la angustia después de conectarse merecen una conversación tranquila.

Si algo ya ocurrió, la culpa nunca es del menor

Cuando un niño o adolescente revela una situación de este tipo, necesita saber que hizo bien al pedir ayuda. No se debe culparlo, confrontar directamente al posible agresor desde su cuenta ni borrar las conversaciones. Es importante conservar mensajes, nombres de usuario, enlaces y capturas de pantalla; bloquear y reportar el perfil; y buscar orientación en las autoridades competentes.

Las aplicaciones cambiarán y aparecerán nuevas formas de comunicación, pero una habilidad seguirá siendo decisiva: que niños y adolescentes puedan reconocer una manipulación, poner límites y acudir a un adulto de confianza. Ese acompañamiento cotidiano protege más que cualquier regla aislada.

 

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