Las amenazas digitales no siempre son nuevas: el riesgo de seguir trabajando con sistemas desactualizados

 

Los ataques informáticos que afectan a empresas y usuarios de América Latina no siempre requieren herramientas sofisticadas. Durante el primer semestre de 2026, viejas fallas de software, correos fraudulentos y documentos aparentemente inofensivos continuaron abriendo la puerta al robo de información y a interrupciones de negocio. La prevención comienza con decisiones cotidianas que muchas organizaciones todavía postergan.

Actualizar una computadora, revisar un archivo adjunto o desconfiar de un código QR puede parecer una precaución menor. Sin embargo, el panorama regional muestra que esas acciones tienen un impacto directo en la seguridad. Según un análisis de ESET basado en detecciones del primer semestre de 2026, el phishing y la ingeniería social representaron, en promedio, el 23,66% de las alertas registradas en América Latina, mientras que los programas utilizados para descargar otras amenazas concentraron el 14,94%.

El dato más revelador está en las vulnerabilidades conocidas: el 81,8% de los incidentes de explotación documentados en el estudio regional se concentró en dos fallas de Microsoft Office divulgadas en 2017. Esto demuestra que un sistema sin actualizar puede seguir siendo aprovechado por los delincuentes incluso años después de que el problema se hiciera público.

La exposición no se limita a grandes compañías. Un empleado que abre una factura falsa, una persona que escanea un QR sin verificar su origen o un negocio que utiliza aplicaciones antiguas puede facilitar el acceso de terceros a cuentas, archivos y sistemas.

El correo, los documentos y los códigos QR siguen siendo puertas de entrada

Los ciberdelincuentes recurren a mensajes que parecen provenir de plataformas conocidas, avisos de pago o solicitudes de firma digital. El informe identifica suplantaciones relacionadas con servicios como DocuSign, WeTransfer y Telegram, además de archivos PDF fraudulentos y códigos QR usados para conducir a sitios engañosos.

Aunque el ransomware representó el 0,28% de las detecciones regionales incluidas en el análisis, su impacto potencial es elevado: puede detener operaciones y comprometer información. Por eso, una cifra menor de alertas no equivale necesariamente a un riesgo menor para las organizaciones.

Desde ESET, el investigador de seguridad Mario Micucci advierte que los documentos maliciosos todavía aprovechan aplicaciones desactualizadas para iniciar otras etapas de infección. Su observación recuerda que proteger la continuidad operativa requiere tanto herramientas de detección como procesos internos bien definidos.

¿Qué pueden hacer hoy las empresas para reducir su exposición?

El primer paso es identificar programas desactualizados y aplicar parches de seguridad, especialmente en herramientas de oficina utilizadas a diario. También conviene verificar la procedencia de documentos y enlaces, desconfiar de códigos QR recibidos sin contexto y reforzar la autenticación de las cuentas corporativas.

ESET recomienda además revisar los controles de seguridad del correo electrónico y adoptar capacidades de detección por comportamiento que ayuden a identificar actividades sospechosas antes de que afecten los equipos. A estas medidas deben sumarse respaldos comprobados, formación de colaboradores y un procedimiento claro para responder a incidentes.

La conclusión es sencilla: la ciberseguridad no consiste solamente en reaccionar ante amenazas nuevas. También exige resolver riesgos antiguos que siguen presentes en la operación diaria. Una actualización pendiente o una verificación omitida pueden tener consecuencias que van mucho más allá del departamento de tecnología.

 

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