El grupo de asambleístas rebeldes de Pachakutik, que ha demostrado sobrada coherencia ideológica y estratégica, afronta un crucial desafío: cómo poner distancia de la demagogia del bloque correísta en la Asamblea Nacional. En otras palabras, cómo evitar ser arrastrado al terreno de las negociaciones impresentables entre UNES y la derecha. Luego de que fracasara el pacto por la impunidad cocinado a inicios del período legislativo, el correísmo no ha renunciado en su empeño de conseguir cualquier acuerdo que le permita quitarse de encima a la justicia.
Hoy, luego de haber pactado por omisión la aprobación de la ley tributaria, el correísmo plantea su derogatoria. ¿Razones? Una, el incumplimiento oficial de algún acuerdo protervo con el régimen; otra, el enorme costo electoral que implica la aprobación de esa ley. En cualquier caso, los asambleístas correístas necesitan urgentemente lavarse la cara frente a la ciudadanía. Los costos de la nueva tabla de tributación amenazan con dinamitar las economías familiares de los sectores medios y pobres del país, una consecuencia que se paga caro en las urnas.
En este escenario, a los nueve asambleístas rebeldes del movimiento del arcoíris les toca caminar por una cornisa. Literalmente. Si secundan la propuesta de derogación de la ley tributaria, corren el riesgo de quedar como tontos útiles del correísmo, una versión que el gobierno está explotando a sus anchas; con el añadido de que es muy probable que el presidente ejerza su derecho de veto y todo quede igual. En la práctica, sería un simple saludo a la bandera. Al final, solo ayudarían a UNES a sacar las castañas del fuego.
Si, por el contrario, se desentienden del asunto y dejan que el correísmo cargue con su irresponsabilidad, pueden mantener una posición independiente, pero a costa de aparecer como insensibles frente al drama de los sectores populares. Al margen de la viabilidad de la derogatoria, la gente espera al menos un gesto de coherencia política. Además, los asambleístas de marras tendrían que cargar con el sambenito de gobiernistas que les endilgarían desde el populismo verde-flex.
La encrucijada es dramática y evidencia los típicos berenjenales legislativos, donde se confunden las negociaciones políticas con el más pedestre y ruin pragmatismo.
Una tercera posición sería priorizar el debate de leyes y medidas frente a la cuales las coincidencias entre el correísmo y la derecha sean inocultables. Por ejemplo, la ley del aborto por violación, la venta del Banco del Pacífico o la negociación de tratados de libre comercio. Una acertada estrategia mediática puede colocar en primer plano estos temas. Y, sobre todo, permitiría desmotar la doble moral del correísmo.
Alguien dirá, con toda razón, que la ley tributaria es un asunto más urgente y relevante por las implicaciones que tiene para la cotidianeidad de la gente. Se trata, en esencia, de proteger el bolsillo de los más pobres. Pero peor es caerse de la cornisa.
Febrero 1, 2022


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