Ella… Margaret Mad, mi prójima

Por Alexis Ponce

️️Cita una publicación de la red social, reproducida por mi amiga Rosa Ponce: «En una conferencia, un estudiante preguntó a la antropóloga Margaret Mad, cuál era el signo más antiguo de civilización en una cultura. El estudiante esperaba que Mead hablara de lanzas, ollas de arcilla o piedras de moler. Margaret Mad respondió que el primer signo de civilización en una cultura antigua era UN FÉMUR ROTO que luego había sido curado.

Ella explicó: Si en el reino animal te rompes una extremidad inferior, una pierna, mueres. No puedes huir del peligro, ir al río a beber agua o buscar comida. Eres una presa fácil para los depredadores y saqueadores. Ningún animal sobrevive a una pierna rota el tiempo suficiente para que el hueso se cure.

Por lo tanto, un fémur roto y curado es evidencia de que alguien se dio el trabajo para auxiliar al caído, y apretó la herida, lo llevó a un lugar seguro, lo alimentó, estuvo a su lado, y lo ayudó a recuperarse. Al ayudar a alguien necesitado o vulnerable, tu semejante, es donde comienza la civilización de nuestra especie. Desde que el hombre y la mujer asumen así la solidaridad con el otro y actúan y lo cuidan».

Entonces, con mi reflexión y mi alma, diré desde esta casa convertida en silencioso símbolo de cuidados colectivos y personales al fémur roto y sanado:

Desde entonces, «sin pedir nada a cambio, sin exigir nada a nadie, sin poner condiciones a nadie», como escribió y vivió el Che Guevara, sin pensar siquiera en ‘poner precio’ alguno a su actitud y a su darse, la humanidad pudo llegar a ser tal.

Esta evidencia científica demuestra que, desde que la humanidad empezó su larga marcha, solo pudo y puede mejorar (como con el Mundo Multipolar, o con las y los cuidadores de alguien en todo el planeta), y -ante todo- pudo y puede sobrevivir -como lo hicimos «los monos desnudos» desde que la Tierra nos vio emerger y ponernos en pie-, si antepone la generosidad, a su metro cuadrado, el «ustedes», el «tú», el «tú y yo» y el «nosotros», al mísero «yo», tan alabado en estos tiempos de Sillicon Valey, Palantir, isla Epstein, Ellon Musk y Mileis, y que en esta fase actual y final, es más marcado que nunca.

Esta fase final, repleta de expoliación, matanza y narcisismo a escala universal, es también la fase final del posmoderno «amor líquido», de ausencia de atemporalidad en todo compromiso humano y vínculo afectivo societal y personal, de enajenación solitaria, justificada en mil sandeces que circulan en las redes y en la breve levedad de estos tiempos; son más propias de un Milei, es decir de una aristocracia psicopática, a medida que el mundo occidental cae en decadencia al infame despeñadero del post-humanismo y del tecno-feudalismo.

De eso no se dan cuenta la mayoría de millones de internautas de las redes sociales y de la gente de a pie: no tiene idea de que le están quitando el corazón, junto con la vida, el pensamiento crítico, los afectos humanos, la «empatía» (para decirlo en el lenguaje de hoy, que reemplazó a la capacidad de entrega y a la legendaria solidaridad).

Esta actual pirotecnia pseudo filosófica, pseudo política y pseudo existencial, que invade pensamientos y actitudes de centenares de millones de personas, busca la despersonalización y la deshumanización como antesala para culminar la llegada al planeta post-humano al que intentan avanzar como sea.

Para dominar a lo que queda de hemisferio occidental totalitariamente, requieren primero que centenares, sino miles, de millones de humanos, vertiginosamente formateados en esa escala de «neo valores y neo actitudes», que no fueron preeminentes en los siglos pasados, hoy acepten como verdades humanas sin memoria ni historia, no sólo la crueldad social, la indiferencia fría y la apatía, sino que haya un proceso des-almado (quitarle el alma primero) y des-corazonador (para despojarles lentamente el corazón); puesto que requerirán, para poner en vigencia esa etapa final, cientos de millones de seres asociales, no sólo cibernautas solitarios, sino narcisistas, seguidores de toda levedad existencial, y la muerte de la vinculación duradera de la especie en comunidad, en pareja afectiva, en familias nucleares.

Por supuesto, todo lo han venido disfrazando con las mantas de los derechos humanos individuales y con la atomización de toda comunidad y todo vínculo.

Menos mal existen el Mundo Multipolar, Irán, China, India, Rusia, es decir el otro planeta ya avanzado y vencedor. Pero su efecto tardará en el hemisferio occidental, zona de disputa y de expropiación de los vínculos, la familia nuclear, el amor y la solidaridad.

Callada, pero eficazmente, el sistema desvía en el hemisferio entero, desde Kiev a La Patagonia pasando por Londres y Washington, el curso natural de la especie. Para lograr por fin que se cumpla el prerrequisito necesario con el cual impondrán la etapa final del modelo sin alma y de hiper-capitalismo, en camino acelerado de auto-destrucción, en un «Occidente» sin corazón compartido, sin memoria histórica, sin estabilidad integral y sin futuro.

El microcosmos individual y el cosmos global del «yo», es profundamente anti- humano y anti-histórico.

Por eso mis actuales reflexiones, enlazan la Neo-Reacción en boga y el tecno-feudalismo en camino, con el imperio silencioso del amor líquido, la desvinculación afectiva, la muerte del Eros y la vigencia del Tánatos, sin los cuales Sillicon Valey, Ellon Musk y la cultura epsteiniana, no podrían proseguir hasta concluir el modelo que ahora, sin tapujos, lo hablan de forma pública.

El ser amatorio, amante y amado de aquel lejano primer día de la humanidad, es lo que reivindicamos y debemos reivindicar con nuestra vida, la vivida y la que vivimos, y con la vida de miles de defensores del derechos humanos, de parejas, de familias nucleares, de compañeros y de seres vivos, es decir de personas, no individuos, como bien lo descubrió la Poética humana y solidaria, dolida y tierna de César Vallejo, que lo hizo verso y convirtió «al mismo buitre en todo un hombrecito».

El ser humano se explica como tal si es solidario, colectivo, grupal, comunitario, que mira un tú primero, desde un yo que ama o cuida, que antepone todo lo suyo y ese todo es Todo, por los demás, por la vida de «el Otro», que nunca es otro sino uno mismo mirándose a los ojos del «ajeno», que tampoco es ajeno sino prójimo, es decir amado, es decir próximo.

Es bellísimo saberse parte de esa porción humana que resiste amando, que resisten constituyéndose en pareja, en familia nuclear, en comunidad, en organización, en alianza, en Sur Global. Es hermoso saberse parte de esa porción humana que se quedó a cuidar del Otro, que curó un fémur, que no lo abandonó, que no tiene precio en esta trumpiana y noboísta era en donde creen que todo tiene precio.

El Irán, Gaza, Moscú, Líbano, Yemen y Pekín, les probaron que no, que hay seres humanos que por amor y destino quemamos las naves de ese confort suicida, y permanecemos a su lado: llámense familia Restrepo Arismendy; o Mujeres Trans de Cocinelle; o Nikita; o pacientes, o Karina, Robin Júd, Principita, o núcleo familiar de Aquiles Álvarez y familias de los niños de Las Malvinas.

Es bello darle un abrazo de cariño a ese primer ser humano que curó y al que fue cuidado, decirles gracias abuelos de todos, y saberse, (con él, con ambos, sí) sus semejantes, aunque hayan pasado miles de años mientras tanto.

Aliusha

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