Por Fer Jr. Prieto / La columna del mono infinito.
Quien en Colombia ame su música folclórica a bailado a Toto La Momposina, ella con su potente voz, su inspirador conocimiento y su alegría musical nos ha hecho sentirnos aún más, de la tierra de Macondo.
La recuerdo volantón y desprevenido, en esos días en que ensayaba con su grupo en la sala del Tecal, era impresionante como el barrio se inundaba desde ese lugar con sus tambores y su voz y ese día no había ensayo teatral, había el beneplácito fortuito de verla cantar y tocar con su grupo y con Batata príncipe de Palenque, heredero de leyendas.
Para quienes viajamos constantemente, Toto siempre nos acompaña desde tiempos lejanos, nos ha hecho sentir más del país, nos invita a bailar, a compartir y a mostrarle al mundo su legado.
A Toto la conocí en el Tecal pero tuve la oportunidad de conversar con ella, algunas veces, una en un avión donde nos topamos por casualidad y nos fuimos hablando de tantas cosas, ella era temperamental, con ese aire de abuela que sabe todo, era un símbolo, una idola y hoy se fue del mundo, pero en especial se fue de Colombia, de la Colombia de la cumbia y el mapalé.
Gracias Toto, adiós Toto, te extrañaremos…
Bailaremos esta tristeza a tu nombre y con tu alegría.


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